Cristo sin el yo. Donde Cristo es más precioso, allí el pecado es sumamente pecaminoso, y el yo es humillado y aborrecido. Pero, ¿no nos volvemos más fuertes en nosotros mismos y hallamos más ayuda y poder de nosotros mismos para resistir a nuestros enemigos, para pelear nuestra buena batalla, para correr nuestra carrera y para perfeccionar la santidad? ¡No! Si así pensamos, está claro que no estamos creciendo hacia Cristo, sino creciendo hacia el yo. Si el Señor me ha dado a conocer algo de este asunto, después de más de veinte años en el precioso Cristo, declaro sinceramente que me encuentro siendo exactamente ese pecador débil e indefenso que era cuando vine por primera vez a Jesús con: «¡Señor, ayúdame! ¡Señor, sálvame, o perezco!». Sí, me encuentro más indefenso ahora de lo que pensaba serlo entonces. Veo una necesidad más constante de revestirme de Cristo y de decir: «¡verdaderamente en el Señor (no en mí) tengo fortaleza!». Nunca he creído con más firmeza que ahora esta verdad de mi Señor: «Sin mí, nada podéis hacer» Juan 15:5. ¡Nunca, nunca vi menos motivo para confiar en mi propia fuerza! «Sostenme, y estaré seguro» Salmo 119:117
Fuente y atribución
Autor original: John Mason
Título original: Mason's Believer's Pocket Excerpts — 3
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John Mason, publicado originalmente en Grace Gems.