"Y he aquí, dos hombres, Moisés y Elías, se aparecieron y comenzaron a hablar con Jesús." Lucas 9:30
Tenemos en los relatos evangélicos el registro de varias delegaciones que se presentaron ante el Salvador; unas de parte de los sacerdotes y levitas, otras de parte de los herodianos, y en una ocasión de parte de Juan el Bautista. Pero aquí tenemos a dos mensajeros enviados a él desde el otro mundo; y como una visita de la alta corte del Cielo no puede considerarse un suceso ordinario, sin hablar de las circunstancias de especial interés que la acompañaron, debe ser digna de nuestra devota consideración.
No fue de entre la innumerable compañía de los ángeles de quienes se escogieron los delegados celestiales; el distinguido privilegio no se concedió a ninguno de sus resplandecientes ejércitos, sino a dos de los hijos de los hombres, a saber, Moisés y Elías. Podríamos sentirnos inclinados a preguntar por qué ellos, más bien que algunos de los otros santos glorificados, fueron seleccionados para honrar al Redentor encarnado en esta ocasión. Si tuviéramos registrado el mero hecho de que se hubiera rendido tal visita, sin información alguna acerca de quiénes eran los visitantes, acaso habríamos pensado en el primer Adán, a quien fue dada la primera promesa, como alguien probablemente enviado para atender al segundo Adán, que es el Señor del Cielo; o en Abraham, el padre de los fieles y el amigo de Dios, quien a través de la distancia de lejanas edades vio el día de Cristo con gozo exultante; o en Isaías, el evangelista del Antiguo Testamento, que tuvo una visión tan clara de la historia futura del Redentor, y que describió con tan gráfica minuciosidad los sufrimientos que él padeció y la gloria que los siguió.
Pero no estamos reducidos a conjeturas dudosas en el asunto, pues sus nombres nos son dados; y la conveniencia de la elección resulta suficientemente obvia. No solo fueron ambos tipos eminentes de Cristo, sino que Moisés puede considerarse como el gran representante de la ley, y Elías como el representante especial de los profetas. Y puesto que nuestro Señor magnificó la ley y cumplió todas las predicciones de los profetas, era del todo apropiado que las cabezas de ambos departamentos se presentaran así ante él, a fin de renunciar a su comisión a sus pies.
Hay también otro carácter simbólico que puede atribuirse a estos eminentes santos.
Elías fue trasladado para que no viera la muerte, siendo llevado al Cielo en un torbellino; y puede, por tanto, considerarse como figura de aquellos para quienes está reservada una semejante exención del poder del último enemigo. Los que estén vivos y permanezcan para la segunda venida del Redentor no gustarán la muerte, sino que serán arrebatados para encontrarse con él en el aire, así como Elías fue arrebatado mucho tiempo antes que ellos.
Moisés, por su parte, murió y fue sepultado, y puede considerarse como representante de aquellos que serán levantados de sus sepulcros y que estarán en el día postrero sobre la tierra. El apóstol habla de "los vivos y los muertos" conforme a la doble división anterior; y como ambos están sujetos a Cristo, siendo él Señor de los muertos y de los vivos, parece haber algo así como un reconocimiento de esa autoridad en este aspecto del carácter representativo de quienes ahora estaban delante de él.
No se nos dice cuánto duró esta entrevista, pero probablemente se prolongó por varias horas. Llegó, sin embargo, el momento de la partida de los dos espíritus glorificados, y una vez más Jesús se encontró solo. De habérseles permitido, sin duda habrían estimado un alto privilegio permanecer con él hasta el momento de su retorno triunfante a aquel mundo del que acababan de llegar. Pero la dulce comunión que entonces se interrumpió ha sido renovada desde hace mucho, y en ella participan no solo ellos, sino toda la asamblea general e iglesia de los primogénitos que están arriba.
"Santos adorantes rodean al Señor, y tronos y potestades caen ante Él; Dios resplandece, bondadoso, a través del hombre, y derrama dulces glorias sobre todos.
¿Cuándo aparecerá, amado Señor, el día en que suba a habitar en lo alto, y esté y me incline allí entre ellos, y vea tu rostro, y cante y ame?"
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: The Mount of Transfiguration!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.