Mañana y noche

El aceite de la gracia que mantiene encendida tu lámpara

Sin el aceite fresco de la gracia, la lámpara del creyente se apaga; solo el aceite puro del Evangelio, extraído de Getsemaní, sostiene una luz clara y brillante.

Alma mía, cuánto necesitas esto, pues tu lámpara no seguirá ardiendo mucho tiempo sin él. Tu lámpara echará humo y mal olor si el fuego se apaga, y se apagará si el aceite falta. No tienes en tu naturaleza humana ningún manantial de aceite que brote por sí mismo, y por eso debes ir a los que venden y comprar para ti mismo; o como las vírgenes insensatas, tendrás que clamar: «¡Mi lámpara se ha apagado!»

Aun las lámparas consagradas no podían dar luz sin aceite; aunque brillaban en el tabernáculo, necesitaban ser alimentadas; aunque ningún viento rudo soplaba sobre ellas, requerían ser despuntadas; y tu necesidad es igual de grande. En las circunstancias más benditas, no puedes dar luz ni una hora más, a menos que se te conceda aceite fresco de gracia.

No era cualquier aceite el que podía usarse en el servicio del Señor; ni el petróleo que brota tan abundantemente de la tierra, ni el aceite de los peces, ni el extraído de las nueces sería aceptado. Solo un aceite fue escogido, y ese el mejor aceite de oliva. La gracia fingida que proviene de la bondad natural, la gracia imaginada por manos sacerdotales, o la gracia supuesta de ceremonias religiosas, jamás servirá al verdadero santo de Dios; él sabe que el Señor no se complacería con ríos de tal aceite. Él va al lagar de Getsemaní, y saca sus provisiones de Aquel que allí fue quebrantado. El aceite de la gracia del Evangelio es puro, libre de heces y posos, y por ello la luz que de él se alimenta es clara y brillante. Nuestras iglesias son los candelabros de oro del Salvador, y si han de ser luces en este mundo oscuro, deben tener mucho de este aceite santo. Oremos por nosotros mismos, por nuestros ministros y por nuestras iglesias, para que nunca les falte aceite para la luz. Verdad, santidad, gozo, conocimiento, amor: todos estos son rayos de la luz sagrada; pero no podemos irradiarlos a menos que en privado recibamos aceite fresco del Espíritu Santo.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: August 28 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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