¡Ella es una cloaca común!
"No cometerás adulterio." Éxodo 20:14
Este mandamiento está levantado como un seto para mantener fuera la impureza; y a quienes rompen este seto, ¡una serpiente los morderá! La fuente de este pecado es la lujuria. Dios es un ser puro y santo, y tiene una antipatía infinita contra toda impureza. Debemos cuidarnos de chocar contra la roca de la impureza y hacer así naufragar nuestra castidad. El sentido del mandamiento no es solo que no manchemos nuestros cuerpos con inmoralidad, sino que mantengamos pura nuestra alma. Tener un cuerpo casto pero un alma impura, es como un rostro hermoso con un corazón canceroso. "Sed santos, porque yo soy santo." 1 Pedro 1:16.
Existe un adulterio mental. "Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón." Mateo 5:28. Así como un hombre puede morir de una hemorragia interna, así puede ser condenado por los hervores internos de la lujuria, si no se mortifican. Para disuadirte del pecado de adulterio, déjame mostrarte la gran maldad de él.
(1) El adulterio es un pecado ladrón. Es el más alto grado de robo. El adúltero roba a su prójimo lo que es más que sus bienes y su hacienda: ¡le roba su esposa!
(2) El adulterio envilece a la persona. La hace parecerse a las bestias; por eso el adúltero es descrito como un caballo que relincha. "Cada uno relinchaba tras la mujer de su prójimo." Jeremías 5:8. Es peor que brutal, pues algunas criaturas carentes de razón, sin embargo, por instinto natural, guardan cierto decoro y castidad. La tórtola es una criatura casta y permanece fiel a su pareja. Y la cigüeña, adondequiera que vuele, no entra en otro nido que el suyo. Los naturalistas escriben que si una cigüeña, dejando a su propia pareja, se une a otra, todas las demás cigüeñas caen sobre ella y le arrancan las plumas. El adulterio es peor que brutal, degrada a la persona de su honor.
(3) El adulterio contamina. El diablo es llamado espíritu inmundo. Lucas 11:24. El adúltero es el primogénito del diablo; es inmundo; es un tremedal ambulante. Está todo ulcerado de pecado; sus ojos chispean de lujuria; su boca echa espuma de inmundicia; su corazón arde como el monte Etna en deseos impuros. Es tan sucio que, si muere en este pecado, ¡todas las llamas del infierno jamás purgarán su inmoralidad! Y, en cuanto a la adúltera, ¿quién puede pintarla bastante negra? La Escritura la llama una cava profunda. Proverbios 23:27. ¡Ella es una cloaca común! El cuerpo de una ramera es un muladar andante, y su alma un infierno menor.
(4) El adulterio es destructivo para el cuerpo. "Y al fin lamentarás, cuando se consuma tu carne y tu cuerpo." Proverbios 5:11. La inmoralidad convierte el cuerpo en un hospital, trae enfermedades asquerosas y devora la belleza del rostro. Así como la llama consume la vela, así el fuego de la lujuria consume el cuerpo. El adúltero apresura su propia muerte. "Así lo sedujo con su mucha halagaría, con la blandicia de sus labios lo persuadió. En seguida tras ella va, como va el buey al matadero, y como el necio a las prisiones y al castigo, hasta que la saeta le atraviesa el hígado; como el ave que se apresura a la trampa, y no sabe que es contra su vida." Proverbios 7:21-23.
(5) El adulterio es un desangramiento para la bolsa; no solo consume el cuerpo, sino también la hacienda. "Para que te guarden de la mujer mala, y de la blandicia de la lengua de la extraña. No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos; porque a causa de la mujer ramera el hombre es reducido a un bocado de pan, y la adúltera caza la preciosa alma." Proverbios 6:24-26. Las rameras son las sanguiuelas del diablo, esponjas que chupan el dinero. El hijo pródigo gastó su herencia cuando cayó entre rameras. Lucas 15:30. La concubina del rey Eduardo III, cuando él moría, sacó de él todo lo que pudo, y hasta le arrancó los anillos de los dedos.
(6) El adulterio destruye la reputación. "Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; corrompe su alma el que tal hace. Heridas y vergüenza hallará, y su afrenta nunca será borrada." Proverbios 6:32, 33. Las heridas de la reputación, ningún médico puede sanarlas. Cuando el adúltero muere, su vergüenza vive. Cuando su cuerpo se pudre bajo tierra, su nombre se pudre sobre la tierra. Sus hijos bastardos son monumentos vivientes de su vergüenza.
(7) El adulterio daña la mente. Roba el entendimiento; embrutece el corazón. "Fornicación y vino quitan el corazón." Oseas 4:11. Devora toda pureza del corazón. Salomón se obnubiló con las mujeres, y ellas lo arrastraron a la idolatría.
(8) El adulterio acarrea juicios temporales. La ley mosaica establecía que la pena para el adulterio fuera la muerte. "El adúltero y la adúltera han de ser muertos;" y la muerte habitual era la lapidación. Lev 20:10; Deut. 22:24. Los Salones mandaron que los culpables de este pecado fueran quemados. Los romanos hacían que les cortaran la cabeza. Como un escorpión, este pecado lleva un aguijón en la cola. "Porque los celos enfurecen al marido, y no perdonará en el día de la venganza." Proverbios 6:34. El adúltero a menudo es muerto en el mismo acto de su pecado. "La práctica de la lujuria es hacer una entrada alegre, pero sale en miseria." He leído de dos en Londres que, habiéndose contaminado con adulterio, fueron fulminados al instante por un rayo del cielo. Si todos los que hoy son culpables de este pecado fueran castigados de esta manera, llovería fuego otra vez, como sobre Sodoma.
(9) El adulterio, sin arrepentimiento, condena el alma. "¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados... heredarán el reino de Dios!" 1 Corintios 6:9-10. El fuego de la lujuria conduce al fuego del infierno. "Dios juzgará al adúltero y a todos los sexualmente inmorales!" Hebreos 13:4. Aunque los hombres se descuiden de juzgarlos, ¡Dios los juzgará! Los juzgará ciertamente; no escaparán de la mano de la justicia; y los castigará severamente. ¡Los pechos de la ramera alejan del seno de Abraham! "El deleite dura un momento, ¡el tormento una eternidad!" ¿Quién por una copa de placer bebería un mar de ira? "Sus convidados están en lo profundo del infierno." Proverbios 9:18. La ramera está perfumada con polvos y es hermosa a la vista, pero venenosa y mortal para el alma. "Ella ha derribado muchos heridos, sí, muchos fuertes han sido muertos por ella." Proverbios 7:26.
(10) El adúltero hace todo lo posible por destruir el alma de otro, ¡y así mata dos de una vez! Es peor que el ladrón, pues supón que un ladrón roba a un hombre y también le quita la vida: el alma de ese hombre puede ser feliz; puede ir al cielo igual que si hubiera muerto en su cama. Pero el que comete adulterio pone en peligro el alma de otro y hace todo lo posible por privarla de la salvación. ¡Qué cosa tan temible es ser instrumento para arrastrar a otro al infierno!
(11) El adúltero es aborrecido por Dios. "La boca de la mujer extraña es una cava profunda; el que es aborrecido de Jehová caerá allí." Proverbios 22:14. ¿Qué puede ser peor que ser aborrecido por Dios? Dios puede airarse contra sus propios hijos; pero que Dios aborrezca a un hombre es el grado más alto de odio. La persona inmoral está sobre el umbral del infierno; y cuando la muerte le da un empujón, ¡se desploma dentro!
Todo esto debería resonar como una alarma en nuestros oídos y apartarnos de la persecución de un pecado tan condenable como la inmoralidad. Oye lo que dicen las Escrituras: "Su casa es camino del infierno." Proverbios 7:27.
Daré algunas instrucciones, a modo de antídoto, para preservarse de la infección de este pecado.
(1) No entres en la compañía de una mujer ramera; evita su casa como un marinero evita una roca. "Huye de ella! No te acerques a la puerta de su casa!" Proverbios 5:8. El que no quiere la peste, no debe acercarse a las casas infectadas; toda casa de rameras tiene la peste en ella. No evitar la ocasión de pecado y, sin embargo, orar "No nos metas en tentación," es como si uno metiera el dedo en la vela y orara para no quemarse.
(2) Cuida tus ojos. Mucho pecado entra por el ojo. "Teniendo los ojos llenos de adulterio." 2 Ped 2:14. El ojo tienta la imaginación, y la imaginación obra sobre el corazón. Un ojo lujurioso y amoroso puede dar entrada al pecado. Eva primero vio el árbol de la ciencia, y entonces tomó. Gén 3:6. Primero miró, y luego amó. El ojo a menudo prende fuego al corazón; por eso Job puso una ley sobre sus ojos. "Hice pacto con mis ojos; ¿cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?" Job 31:1.
(3) Cuida tus labios. Cuídate de toda palabra inmunda que pueda encender pensamientos impuros en ti o en otros. "Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres." 1 Cor. 15:33. El discurso impuro es el fuelle que aviva el fuego de la lujuria. Mucho mal entra al corazón por la lengua. "Pon, oh Jehová, guarda a mi boca!" Salmo 141:3.
(4) Cuida de manera especial tu corazón. "Guarda tu corazón con toda diligencia." Proverbios 4:23. ¡Cada persona tiene un tentador en su propio seno! "Porque del corazón salen los malos pensamientos, los adulterios, todas las demás inmundicias sexuales." Mateo 15:19. Pensar en el pecado abre paso al acto de pecado. reprime los primeros movimientos del pecado en tu corazón. Así como la serpiente, cuando el peligro se acerca, guarda su cabeza, así guarda tu corazón, que es el manantial de donde proceden todos los movimientos lujuriosos.
(5) Cuida tu atuendo. Leemos del atuendo de una ramera. Proverbios 7:10. Un vestido provocativo es una instigación a la lujuria. Un rostro pintado y senos medio desnudos son reclamos a la inmoralidad. Donde se cuelga el letrero, la gente entrará a probar la bebida. Jerónimo dice: "aquellos que con su atavío lascivo procuran arrastrar a otros a la lujuria, aunque no siga ningún mal, son tentadores, y serán castigados, porque ofrecieron el veneno a otros, aun cuando no lo beberían."
(6) Cuídate de las malas compañías. El pecado es una enfermedad muy contagiosa; uno tienta a otro al pecado y lo endurece en él. Hay tres cuerdas que arrastran a los hombres a la inmoralidad: la inclinación del corazón, la persuasión de las malas compañías, y los abrazos de la ramera. Esta cuerda triple no se rompe fácilmente. "Fuego se encendió en su compañía." Salmo 106:18. El fuego de la lujuria se enciende en la mala compañía.
(7) Cuídate de ir a teatros y representaciones. Una casa de comedias es a menudo el preámbulo de un prostíbulo. "Las comedias proveen las semillas de la maldad." Se nos manda abstenernos de toda apariencia de mal; ¿y no son las comedias la apariencia de mal? Tales escenas hay allí que no son aptas para ser contempladas con ojos castos. Un docto ministro observa que muchos, en su lecho de muerte, han confesado con lágrimas que la contaminación de sus cuerpos fue ocasionada por ir a las comedias.
(8) Cuídate del baile mixto. "Los bailes son instrumentos de lujuria y desenfreno." Del baile se pasa al coqueteo con otro, y del coqueteo a la inmoralidad. "Hay," dice Calvino, "en su mayor parte, algún comportamiento impúdico en el baile." Los bailes arrastran el corazón a la inmoralidad, por gestos deshonestos, por toques impuros y por miradas lujuriosas. Crisóstomo arremetió contra el baile mixto en su tiempo. "Leemos," dice, "de un banquete de bodas, pero de baile allí, no leemos." Mateo 25:7. Muchos han sido atrapados por el baile. "El baile no es la conducta de una mujer casta, sino de la adúltera," dice Ambrosio. Crisóstomo dice: "¡Donde está el baile, allí está el diablo!"
(9) Cuídate de los libros e imágenes lascivos, que provocan a la lujuria. Así como la lectura de la Escritura despierta amor a Dios, así la lectura de libros viles excita la mente a la maldad. A los libros lascivos puedo añadir imágenes lascivas, que hechizan el ojo y son incen- diarias de la lujuria. Secretamente conducen veneno al corazón.
(10) Cuídate del exceso en la mesa. Cuando la glotonería y la embriaguez van a la cabeza, la inmoralidad y el desenfreno cierran la marcha. "El vino inflama la lujuria." "Los pecados de Sodoma fueron soberbia, holgazanería y glotonería." Ezequiel 16:49. Las malas hierbas más asquerosas brotan del suelo más fértil. La inmoralidad procede del exceso. "Cuando los había saciado, entonces relinchaba cada uno tras la mujer de su prójimo." Jer. 5:8. Consigue el "bocado áureo de la templanza." Dios permite el refresco de la naturaleza y lo que pueda disponernos mejor para su servicio; pero guárdate del empacho. El exceso en las cosas temporales nubla la mente, ahoga los buenos afectos y provoca la lujuria. "Golpeo mi cuerpo y lo pongo bajo estricto control." 1 Cor. 9:27. La carne regalada es propensa a la inmoralidad.
(11) Cuídate de la ociosidad. Cuando un hombre está ocioso, está listo para recibir cualquier tentación. El diablo siembla la mayor parte de sus semillas de tentación en terreno baldío. La ociosidad es causa de sodomía e inmoralidad. "Los pecados de Sodoma fueron soberbia, holgazanería y glotonería." Ezequiel 16:49. Cuando David estaba ocioso en la azotea de su casa, divisó a Betsabé y cometió adulterio con ella. 2 Samuel 11:4. Jerónimo dio a su amigo el consejo de estar siempre bien empleado en la viña del Señor, para que, cuando el diablo viniera, no tuviera ocio de escuchar la tentación.
(12) Para evitar la fornicación y el adulterio, que cada hombre tenga un amor casto y entero hacia su propia esposa. La esposa de Ezequiel era el deseo de sus ojos. Ezequiel 24:16. Cuando Salomón había disuadido de las mujeres inmorales, prescribió un remedio contra ello. "Alégrate con la mujer de tu juventud." Proverbios 5:18. No es tener esposa, sino amar a la esposa, lo que hace que un hombre viva castamente. El que ama a su esposa, a quien Salomón llama su fuente, no saldrá a beber de aguas turbias y envenenadas. El amor conyugal puro es don de Dios y viene del cielo; pero, como el fuego vestal, debe ser alimentado para que no se apague. El que no ama a su esposa es la persona más propensa a abrazar el seno de una ramera.
(13) Procura infundir el temor de Dios en tu corazón. "En el temor de Jehová, los hombres se apartan del mal." Proverbios 16:6. Así como el dique contiene el agua, así el temor de Jehová contiene la inmoralidad. Quienes carecen del temor de Dios carecen del freno que debería refrenarlos del pecado. ¿Cómo se guardó José de la tentación de su ama? ¡El temor de Dios lo detuvo! "¿Cómo, pues, haría yo este gran mal, y pecaría contra Dios?" Génesis 39:9. Bernardo llama al santo temor "el portero del alma." Así como el portero de un noble está a la puerta y mantiene fuera a los vagabundos, así el temor de Dios se mantiene firme y guarda que entren todas las tentaciones pecaminosas.
(14) Deléitate en la Palabra de Dios. "¡Cuán dulces son tus palabras a mi paladar!" Salmo 119:103. Crisóstomo compara la Palabra de Dios con un jardín. Si andamos por este jardín y chupamos la dulzura de las flores de las promesas, nunca querremos arrancar el "fruto prohibido." "Que las Escrituras sean mi puro deleite," dice Agustín. La razón por la que la gente busca placeres impuros y pecaminosos es porque no tienen nada mejor. César, cabalgando por una ciudad y viendo a las mujeres jugar con perros y loros, dijo: "Seguramente, no tienen hijos." Así los que se solazan con rameras no tienen placeres mejores. El que ha gustado una vez a Cristo en una promesa queda arrobado de deleite; ¡y despreciaría una tentación al pecado! Job dijo que la Palabra era su "comida designada." Job 23:12. No es de extrañar, entonces, que hiciera "pacto con sus ojos."
(15) Si quieres abstente del adulterio, usa la seria reflexión.
[1] Considera que Dios te ve en el acto del pecado. Él ve toda tu maldad tras el telón. Él es totus oculus, "todo ojo." Las nubes no son dosel, la noche no es cortina para esconderte del ojo de Dios. Siempre que pecas, ¡tu Juez te mira! "He visto tus abominaciones, tus adulterios y tus relinchos." Jer. 13:27. "Han cometido adulterio con las mujeres de sus prójimos; yo lo sé y soy testigo de ello, dice el Señor." Jer. 29:23.
[2] Considera que pocos de los que se enredan en el pecado de adulterio se recobran jamás del lazo. "Ninguno de los que a ella van regresan." Proverbios 2:19. Esto hizo que algunos de los antiguos concluyeran que el adulterio era un pecado imperdonable; pero no es así. David se arrepintió. María Magdalena fue una penitente llorosa; sobre sus ojos amorosos que chispeaban de lujuria, buscó vengarse lavando los pies de Cristo con sus lágrimas. Algunos, pues, se han recobrado de este lazo. "Ninguno de los que a ella van regresan," es decir, "muy pocos." Es raro oír de alguien encantado y hechizado por el pecado de la inmoralidad que se recupere de él. "Hallo más amarga que la muerte a la mujer que es un lazo, cuyo corazón es una red y cuyas manos son cadenas. El que agrada a Dios escapará de ella, mas el pecador será atrapado." Ecl. 7:26. Su "corazón es una red," es decir, ella es sutil para engañar a los que acuden a ella; y "sus manos son cadenas," es decir, sus abrazos son poderosos para retener y enredar a sus amantes. Esta consideración debería hacer a todos temerosos de este pecado. Los placeres muelles endurecen el corazón.
[3] Considera lo que dice la Escritura, que puede levantar una barricada en el camino a este pecado. "Seré pronto testigo contra los adúlteros." Malaquías 3:5. Es bueno cuando Dios es un testigo "por nosotros," cuando da testimonio de nuestra sinceridad, como lo hizo de la de Job; pero es triste tener a Dios como "testigo contra nosotros." "Yo," dice Dios, "seré pronto testigo contra el adúltero." ¿Y quién refutará el testimonio de Dios? ¡Él es a la vez testigo y juez! "Dios ciertamente juzgará a los inmorales y a los que cometen adulterio." Hebreos 13:4.
[4] Considera la triste despedida que el pecado de adulterio deja. Deja un infierno en la conciencia. "Los labios de la mujer inmoral son dulces como la miel, y su boca más suave que el aceite; mas su fin es amargo como el veneno, y agudo como espada de dos filos. Sus pies descienden a la muerte; sus pasos conducen al infierno." Proverbios 5:3-5. La diosa Diana estaba tan hábilmente pintada que parecía sonreír a los que entraban en su templo, pero fruncir el ceño a los que salían. Así la ramera sonríe a sus amantes cuando llegan a ella, pero al fin llegan al ceño y al aguijón. "Hasta que una saeta le atraviese el hígado." Proverbios 7:23. "Su fin es amargo."
Cuando un hombre ha sido virtuoso, el trabajo se va, pero queda el consuelo; pero cuando ha sido impío e inmoral, el placer se va, pero queda el aguijón. "Él obtiene placer momentáneo, pero después, tormento eterno," dice Jerónimo. Cuando los sentidos se han regalado con placeres impuros, el alma queda para pagar la cuenta. Las aguas robadas son dulces; pero, como el veneno, aunque dulce en la boca, atormenta la conciencia. ¡El pecado siempre termina en tragedia! Triste es lo que relata Fincelio de un sacerdote en Flandes que indujo a una joven a la inmoralidad. Cuando ella objetaba cuán vil pecado era, él le dijo que, por autoridad del Papa, podía cometer cualquier pecado; así al fin la arrastró a su perverso propósito. Pero cuando habían estado juntos un tiempo, entró el diablo y se llevó a la ramera del lado del sacerdote y, no obstante todos sus gritos, ¡se la llevó! Si el diablo viniera y se llevara a todos los culpables de inmoralidad en esta nación, ¡temo que más serían llevados que los que quedarían!
(16) Ora contra este pecado. Lutero dio a una dama este consejo: que cuando cualquier pasión comenzara a elevarse en su corazón, debía acudir a la oración. La oración es la mejor armadura contra el pecado; apaga el fuego violento de la lujuria. Si la oración puede "echar fuera al diablo," con certeza echará fuera aquellas pasiones que vienen del diablo.
¡Oh, procuremos la pureza del alma! Para mantener el alma pura, acude a la sangre de Cristo, que es la "fuente abierta para limpiar del pecado y de la inmundicia." Zac. 13:1. Un alma empapada en las lágrimas salobres del arrepentimiento y bañada en la sangre de Cristo queda purificada. Di: "Señor, mi alma está contaminada. ¡Contamino todo lo que toco! ¡Oh, purifícame con hisopo, que la sangre de Cristo me rocíe, que el Espíritu Santo me unja! ¡Oh, hazme puro, para que pueda ser llevado al cielo, donde seré tan santo como Tú quisieras que yo fuera, y tan feliz como pueda desear ser!"
Fuente y atribución
Autor original: Thomas Watson
Título original: Los Diez Mandamientos — She
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Watson, publicado originalmente en Grace Gems.