"He aquí, él ora" fue la palabra del Señor a Ananías para convencerlo de que aquel temido perseguidor, Saulo de Tarso, había sido vivificado por el Espíritu. ¡Y qué misericordia para el alma vivificada que el bendito Espíritu ayude así a su espíritu que se hunde y tiembla! Él pone vida y energía en sus clamores y suspiros, lo sostiene y lo mantiene firme ante el trono, y así le permite perseverar en sus ruegos fervientes por misericordia, mezcla la fe con sus peticiones, y él mismo, con toda gracia y bondad, intercede dentro de él y por él con gemidos indecibles. Esto es "orar con el espíritu" y "en el Espíritu Santo"; es derramar el corazón delante de Dios y el alma delante del Señor; y mediante esta libre descarga de un corazón casi a punto de estallar, se da alivio sensible al espíritu abrumado.
Por esta marca especial, las convicciones de un alma vivificada se distinguen de los dolores de culpa y remordimiento que a veces despiertan la conciencia natural. Caín dijo: "Mi castigo es mayor del que puedo llevar", pero no hubo ni arrepentimiento ni oración en su corazón, pues "salió de la presencia del Señor" —precisamente aquella presencia que el alma viva busca alcanzar y en la cual el Espíritu la introduce. Saúl estaba "muy angustiado", y como Dios no le respondió, recurrió a la hechicera de Endor y al fin cayó sobre su propia espada. Judas se arrepintió de su maldita traición, pero fue y se ahorcó. En ninguno de ellos hubo oración ni súplica. Pero los escogidos claman a Dios día y noche; y sus oraciones, perfumadas con el incienso de su todopoderoso Intercesor a la diestra del Padre, entran en los oídos del Señor.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: April 6
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.