Hay una prueba —tierna, dulce y santa— con la cual el hijo de Dios más tímido y dubitativo puede discernir la autenticidad de su carácter cristiano: el amor a los santos. El apóstol Juan la presenta como una prueba verdadera. Podría haber dicho, como en verdad podría haberlo hecho, sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a Dios; pero, situando la realidad de este tránsito admirable sobre una evidencia más accesible, el Espíritu Santo, por medio del escritor inspirado, desciende a la manifestación más débil de la gracia que su propio poder había obrado, cuando dice: sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos.
Nuestro bendito Señor, de quien se dice con hermosura que fue una encarnación del amor, coloca la evidencia del discipulado cristiano en el mismo terreno: en esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. Podría haber justamente concentrado todo su afecto en sí mismo, y haber hecho de la entrega única y suprema a él la única prueba del discipulado. Pero no. En el ejercicio de aquella benevolencia sin límites, que nunca fue feliz sino planificando y promoviendo la felicidad de otros, les manda amaos unos a otros, y se digna aceptar esto como evidencia ante el mundo de su unidad y de su amor hacia él.
Este amor trasciende todo afecto similar que se comprende bajo el mismo término general. Existe un afecto natural, humano y denominacional, que con frecuencia une con lazo dulce y estrecho a los de una misma familia o congregación, o a los que se asemejan en mente, genio, gusto o circunstancia. Pero el afecto del que hablamos es de un orden más alto. La iglesia de Dios es una sola familia, de la cual Cristo es el hermano mayor, y todos somos miembros los unos de los otros. Si encuentras a alguien del hemisferio opuesto del globo que lleva la imagen de Cristo y manifiesta los frutos del Espíritu, encuentras a un miembro de la única familia, un hermano en el Señor, con un reclamo mayor sobre tu afecto y tu simpatía que el lazo natural más estrecho y tierno que la vida pueda ofrecer.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - December 6
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.