El amor cristiano verdadero despierta en el corazón un santo celo por la reputación cristiana de los demás creyentes. ¡Con qué tristeza se olvida esto por muchos que profesan la fe! Cuánto jugar con la reputación, cuánto tratar con ligereza el carácter, cuánto desvelar ante otros las debilidades, las flaquezas y las caídas de que se ha tenido noticia, marcan a muchos en nuestros días. ¡Oh, si el Señor hubiera tratado con nosotros como nosotros hemos tratado irreflexivamente y sin caridad a nuestros compañeros de servicio, qué vergüenza y confusión nos cubriría! No podríamos levantar el rostro ante los hombres.
Pero el ejercicio de este amor divino en el corazón nos constreñirá a abstenernos de todo sentimiento envidioso y suspicaz, de toda mala sospecha, de toda torcida interpretación de motivos, de toda calumnia e insinuación desamorosa, y de andar de casa en casa difundiendo el mal, haciendo de las imperfecciones, los errores o las acciones ajenas el tema de un chisme ocioso y pecaminoso. Todo esto es totalmente incompatible con nuestro alto y santo llamamiento; desluce el brillo de nuestra piedad y menoscaba nuestra influencia moral en el mundo. ¿No debería serme tan querida la reputación de un creyente como la mía propia? Cuando la reputación de un hermano en Jesús se ve afectada, ¿podemos quedar ajenos? Es nuestro común Señor el herido, es nuestra común salvación la injuriada, es nuestra propia familia la denigrada. Nuestro amor a Jesús, a su verdad y a su pueblo debiera hacernos tan celosos del honor, tan tiernos con los sentimientos y tan vigilantes del carácter de cada miembro de la familia del Señor, sea cual fuere su denominación, como del nuestro. «¿Quién es enfermo, y yo no lo soy? ¿Quién es escandalizado, y yo no me indigno?» ¡Cuán graciosa y bondadosamente trata Dios a su pueblo! Poniendo su mano sobre sus muchas manchas, parece decir: «Ningún ojo sino el mío las verá». Imitémosle en esto, como hijos amados, y así evidenciaremos más claramente que hemos pasado de muerte a vida.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Morning Thoughts - November 19
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.