Joyas devocionales de John Angell James — Volumen 5

El amor, una flor del cielo que debe cultivarse

La iglesia aún no resplandece en santo amor como Cristo quiso; esta planta del Paraíso suele verse mustia y carcomida, y merece cultivarse con esmero, sano vigor y belleza.

La iglesia de Dios en general aún no ha logrado exhibir, con la prominencia considerable y atractiva que debiera, aquel espíritu de santo amor con el cual su divino Fundador quiso caracterizarla. El «lobo» y la «serpiente» se ven con demasiada frecuencia donde solo deberían hallarse el «cordero» y la «paloma».

El cristianismo aún no ha dejado impresa la huella de su encanto sublime, tan profundamente grabada como debería estar en el carácter de quienes lo profesan. De todas sus gracias, ninguna está tan débil e imperfectamente trazada como el amor cristiano. Ha resultado más fácil, o al menos más común, domeñar la disposición lujuriosa que la disposición iracunda. Y, sin embargo, es tan intención de Cristo que su pueblo se distinga por la mansedumbre y la gentileza—como por la pureza, la justicia y la veracidad.

El amor es por excelencia la gracia cristiana. La equidad, la castidad y la veracidad figuran entre las virtudes paganas—pero no la caridad. Estas otras virtudes a veces han «esparcido su fragancia en el aire del desierto» del paganismo. ¿Pero dónde se ha encontrado el amor—sino en el huerto del Señor?

Ay, que aun allí esta planta del Paraíso, esta flor del cielo, se vea tan a menudo mustia y carcomida; y así no logre para su divino Cultivador toda la alabanza que debiera, y que en su estado más floreciente le rendiría. Mi anhelo es que el amor cristiano se cultive con más esmero, y se admire en sano vigor y en belleza.

Fuente y atribución

Autor original: John Angell James

Título original: This heavenly exotic

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John Angell James, publicado originalmente en Grace Gems.

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