Hubo una hora aciaga en que solté el ancla de mi fe; corté el cable de mi creencia; ya no amarré firmemente mi barco a las costas de la Revelación de Dios; dejé que mi nave derivara al capricho del viento; dije a la razón: "Tú serás mi capitán"; dije a mi propio entendimiento: "Tú serás mi timón"; y emprendí mi loco viaje. Gracias a Dios, todo eso ya pasó; pero os contaré su breve historia. Fue una navegación apresurada por el mar tempestuoso del libre pensamiento. Avancé, y al avanzar los cielos comenzaron a oscurecerse; pero para compensar esa falta, las aguas brillaban con el resplandor del fulgor. Veía chispas que volaban hacia arriba y me complacían, y pensé: "Si esto es el libre pensamiento, es algo bueno". Mis pensamientos me parecían gemas, y esparcía estrellas con ambas manos; pero al poco tiempo, en lugar de aquellos destellos de gloria, vi surgir de las aguas demonios sombríos, feroces y horribles, y según yo avanzaba, rechinaban los dientes y me hacían muecas; se apoderaron de la proa de mi nave y me arrastraron, mientras yo, en parte admirado por la rapidez de mi movimiento, me estremecía, no obstante, ante la velocidad espantosa con que rebasaba los antiguos hitos de mi fe. Conforme me apresuraba hacia adelante a una velocidad tremenda, comencé a dudar de mi propia existencia; dudé si había un mundo, dudé si había algo tal como yo mismo. Llegué hasta el mismo borde de los reinos soñolientos de la incredulidad. Descendí hasta el fondo del mar de la Incredulidad. Lo dudé todo. Pero aquí el diablo se derrotó a sí mismo: pues la misma extravagancia de la duda demostraba su absurdidad. Justo cuando veía el fondo de aquel mar, llegó una voz que dijo: "¿Y puede ser verdad esta duda?". Ante ese mismo pensamiento desperté. Salí de aquel sueño de muerte que, Dios lo sabe, podría haber condenado mi alma y arruinado mi cuerpo si no hubiera despertado. Cuando me levanté, la fe tomó el timón; desde aquel momento ya no dudé. La fe me gobernó de vuelta; la fe clamó: "¡Fuera, fuera!". Eché mi ancla en el Calvario; alcé mis ojos a Dios; y aquí me tenéis, "vivo y fuera del infierno".
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: Spurgeon Gems — The Anchor of Calvary
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.