Es un consuelo para nosotros que, en medio de todas las alteraciones y vicisitudes de la vida, haya Uno a quien el cambio no puede afectar; Uno cuyo corazón nunca puede alterarse, y en cuya frente la mutabilidad no puede trazar surcos. Todas las demás cosas han cambiado; todas las demás cosas están cambiando. El sol mismo se va apagando con la edad. El mundo envejece; ¡los cielos y la tierra pronto han de pasar y perecer!
Hay Uno solo que posee inmortalidad, cuyos años no tienen fin, y en cuya persona no hay cambio. El deleite que siente el marinero cuando, tras haber sido sacudido por muchos días, pone de nuevo el pie en la sólida orilla, es la satisfacción del cristiano cuando, en medio de todos los cambios de esta vida turbulenta, reposa el pie de su fe sobre esta verdad: «¡Yo soy el Señor, y no cambio!». La estabilidad que el ancla da al barco cuando por fin ha logrado un agarre firme es semejante a la que la esperanza del cristiano le ofrece cuando se fija en esta gloriosa verdad.
«¡En Él no hay variación!». Cualesquiera que fueran Sus atributos antaño, lo son ahora. Su poder, Su sabiduría, Su justicia, Su verdad, permanecen igualmente inmutables.
Él siempre ha sido el refugio de Su pueblo, su fortaleza en el día de la angustia, y sigue siendo su seguro Auxiliador.
Él es inmutable en Su amor. Ha amado a Su pueblo con «¡un amor eterno!». Los ama ahora tanto como siempre los amó, y cuando todas las cosas terrenales se hayan derretido en la última conflagración, Su amor todavía lucirá el rocío de su juventud. ¡Preciosa es la seguridad de que nuestro Dios nunca cambia! La rueda de la providencia gira, pero su eje es el amor eterno.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: November 2 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.