Mañana y noche

El anhelo del alma atribulada por hallar a su Dios

En la aflicción extrema, el creyente corre al encuentro de su Padre; el vacío de todo consuelo terrenal le enseña el inestimable valor de la presencia de Dios.

En la extrema angustia, Job clamó tras el Señor. El anhelo de un hijo de Dios afligido es volver a ver el rostro de su Padre. Su primera oración no es: «¡Oh, si pudiera ser sanado de la enfermedad que ahora rebosa en cada parte de mi cuerpo!» Ni siquiera: «¡Oh, si pudiera ver a mis hijos restaurados de las fauces del sepulcro, y mis bienes devueltos de la mano del despojador!» Sino que el primer y más elevado clamor es: «¡Oh, si supiera dónde hallar a AQUEL que es mi Dios, para llegar aun a su morada!»

¡Los hijos de Dios corren a casa cuando se levanta la tormenta! Es el instinto celestial del alma agraciada buscar refugio de toda tribulación bajo las alas de Jehová. «El que ha hecho de Dios su refugio» podría servir como título de un verdadero creyente. Un hipócrita, cuando es afligido por Dios, resiente el castigo y, como un esclavo, huiría del Amo que le ha azotado. Pero no así el verdadero heredero del cielo: ¡él besa la mano que le hirió, y busca amparo de la vara en el seno del Dios que frunció el ceño sobre él!

El deseo de Job de comunión con Dios se intensificó por el fracaso de todas las demás fuentes de consuelo. El patriarca se apartó de sus lastimosos amigos y alzó los ojos al trono celestial, así como un viajero abandona su cantimplora vacía y se encamina a toda prisa al pozo. Se despide de las esperanzas nacidas de la tierra, y clama: «¡Oh, si supiera dónde hallar a mi Dios!»

Nada nos enseña tanto la preciosidad del Creador como cuando aprendemos el vacío de todas las demás cosas. Apartándonos con amargo desdén de las colmenas de la tierra, donde no hallamos miel sino muchas agudas picaduras, nos regocijamos en Aquel cuya fiel Palabra es más dulce que la miel o el panal. En toda tribulación deberíamos buscar primero realizar la presencia de Dios con nosotros. Solo disfrutemos de su sonrisa, ¡y podremos llevar nuestra cruz diaria con un corazón dispuesto por su amor!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: November 19 — Evening

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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