Hay una gran diferencia entre el cuidado que da el dueño y el que da un siervo o un jornalero. Hay una diferencia entre la manera en que una verdadera madre cuida a su hijo y la manera en que lo hace una persona contratada. Esto se ve de modo especial cuando el niño está enfermo o en peligro. La persona contratada sirve por el salario; la madre sirve por amor. Cristo, el Buen Pastor, es el dueño de sus ovejas.
Hay algo muy dulce en el pensamiento de que los cristianos son las ovejas propias de Cristo. Esto sugiere cuán queridos son para Él. «Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin». El pensamiento trae consigo también la seguridad de su amor y su cuidado. Su voluntad es que «su pueblo» esté con Él en el cielo para siempre. El pensamiento sugiere, además, mucho acerca de nuestro deber para con Cristo. Si somos de «los suyos», Él tiene entero derecho sobre la disposición de nuestras vidas y de nuestros servicios.
Hay algo muy admirable en el pensamiento de que Cristo llama a sus ovejas por sus nombres individuales. Hay pastores que no conocen a su gente por nombre cuando apenas tienen unos cuantos cientos que conocer. Cristo tiene millones esparcidos por todo el mundo; nos resulta difícil comprender que a cada uno de ellos lo conoce personalmente por su nombre. La Biblia nos dice que Él llama a las estrellas por sus nombres; pero entonces las estrellas son tan grandes que no parece tan extraordinario.
Pero he aquí una viuda pobre, una de «los suyos», que vive en un desván desolado en el corazón de una gran ciudad, en medio de miles que la rodean. ¿Conoce Él su nombre? He aquí un pequeño huérfano, uno de «los suyos», que no tiene ningún amigo humano que lo proteja. ¿Conoce Él a este pequeñito? ¡Ciertamente que lo conoce! Esta debería ser una verdad muy preciosa para todo aquel que ama a Cristo y le pertenece. Él sabe si alguno de «los suyos» está sufriendo o pasando necesidad, o si está en peligro; y nunca descuidará ni siquiera al más pequeño de «los suyos».
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: The Good Shepherd
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.