«Lo trajo alrededor». Esto fue cierto literalmente. ¡Qué ruta tan sinuosa, enredada, de aquí para allá fue la de los hijos de Israel en el desierto! Sin embargo, cada paso estaba bajo la dirección de Dios; nunca se movían hasta que la columna de nube les abriera el camino.
Pero, ¿cómo conduce el Señor en la gracia? Llevando a su Israel por un camino cuyo final no ven. Una vuelta del sendero oculta la siguiente. He leído que se puede construir un camino con una curva cada cuarto de milla, y sin embargo en cien millas la distancia no será mayor en más de una milla respecto a una línea perfectamente recta. Así es en la gracia. La longitud del camino absorbe los giros.
Pero estos giros hacen que el camino parezca más torcido de lo que realmente es. Todo lo que está delante de nosotros permanece oculto. Por ejemplo, cuando el Señor comienza una obra de gracia, trae convicciones de pecado, descubre la espiritualidad de la ley, hace que el alma se sienta culpable, culpable, culpable en todo pensamiento, palabra y obra. Pero, ¿sabe un hombre en esa condición lo que el Señor está haciendo? ¿Puede trazar claramente la obra de Dios en su alma? ¿Es capaz de decir: «Esto, esto es la obra de Dios en mi corazón»? Por lo general, no sabe qué le pasa; por qué está tan atribulado; por qué no halla reposo; por qué las cosas de la eternidad siguen viniendo sobre su alma; por qué vive en continuo temor de la ira venidera; por qué su mente está tan ejercitada con pensamientos sobre Dios; por qué siente condenación, esclavitud y miseria.
Ni aun cuando el Señor se complace en levantarlo a alguna esperanza, en aplicar alguna dulce promesa a su alma, en alentarlo de diversas maneras bajo el ministerio de la palabra, puede a menudo tomar el pleno consuelo de ello. Puede por un tiempo, pero pronto se desvanece, y apenas puede creer que sea real. La incredulidad sugiere que no vino exactamente en el modo correcto, o que no duró lo bastante, o que no llegó tan hondo, o que no fue tal como ha oído describir a otros; y así se llena de dudas, temores y ansiedades sobre si fue realmente del Señor. Pero cuando Dios lo lleva un paso más allá; cuando abre el evangelio, revela a Cristo, deja caer en su corazón algún dulce testimonio, le da alguna bendita seguridad de su interés salvador en el Señor Jesús y lo sella con un testimonio divino en su corazón, esto destierra todas sus dudas y temores, y llena su alma de gozo y paz. Sin embargo, aun después de esto, cuando el dulce sentir se ha ido, puede hundirse de nuevo muy bajo y cuestionar la realidad de la revelación que ha disfrutado. Todo esto es «conducir alrededor»; pues una vuelta del camino oculta la otra.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: June 22
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.