Un clamor es la expresión natural del dolor, y una expresión adecuada cuando todos los demás modos de súplica nos fallan; pero el clamor debe dirigirse únicamente al Señor, pues clamar al hombre es desperdiciar nuestras súplicas en el aire. Cuando consideramos la prontitud del Señor para oír y su capacidad para ayudar, veremos sobrada razón para dirigir de una vez todas nuestras súplicas al Dios de nuestra salvación. En vano será llamar a las peñas en el día del juicio, pero nuestra Roca atiende nuestros clamores.
«No te silencies para conmigo». Los meros formalistas pueden contentarse sin respuestas a sus oraciones, pero los verdaderos suplicantes no pueden. No se satisfacen con los resultados de la oración misma al calmar la mente y someter la voluntad; deben ir más allá y obtener respuestas reales del cielo, o no pueden descansar; y esas respuestas anhelan recibirlas de inmediato, y temen aun un poco del silencio de Dios.
La voz de Dios es a menudo tan terrible que sacude el desierto; pero su silencio está igualmente lleno de temor reverente para un suplicante ferviente. Cuando Dios parece cerrar su oído, no debemos por ello cerrar nuestra boca, sino más bien clamar con mayor fervor; pues cuando nuestra nota se vuelve aguda por la intensidad y el dolor, Él no nos negará por mucho tiempo una audiencia. ¡En qué terrible situación nos encontraríamos si el Señor se volviera para siempre silencioso a nuestras oraciones!
«No sea que, si te silencias para conmigo, venga a ser como los que descienden al abismo». Privados del Dios que responde a la oración, estaríamos en una condición más lastimera que los muertos en la tumba, y pronto hundiríamos al mismo nivel que los perdidos en el infierno. Debemos tener respuestas a la oración; nuestro es un caso urgente de necesidad extrema; seguramente el Señor hablará paz a nuestras mentes agitadas, pues jamás puede hallar en su corazón permitir que sus propios escogidos perezcan.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: July 2 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.