En ningún aspecto se manifiesta con tanta claridad la feliz tendencia y la indispensable necesidad de la disciplina del pacto como en esto: por ese canal, principalmente, el creyente es introducido en comunión y disfrute de la ternura y simpatía del Espíritu. La sabiduría, la fidelidad y el poder del Espíritu el alma los ha llegado a reconocer y experimentar en la conversión; pero para conocer al Espíritu como Consolador, para experimentar su ternura y simpatía, su amabilidad y gentileza, debemos ser colocados en aquellas circunstancias peculiares que las llaman al ejercicio. En una palabra: debemos saber lo que es el dolor para saber lo que es el consuelo, y para conocer el consuelo verdadero debemos recibirlo del Espíritu bendito y eterno, el Consolador de la Iglesia.
El Dios y Padre de su pueblo previó todas sus circunstancias. Sabía que los había escogido en el horno de la aflicción, que ese era el sendero peculiar por el que todos habrían de andar. Así como previó, así también proveyó de antemano para todas esas circunstancias. En los propósitos eternos de su sabiduría, gracia y amor, fue delante de su Iglesia, trazando su historia, asignando su camino y proveyendo para toda posición posible en que pudiera hallarse; de modo que no podemos imaginar una exigencia, una prueba, una dificultad o un conflicto que no esté ampliamente provisto en el pacto de gracia.
La gran provisión para el estado de sufrimiento del creyente es el Espíritu Santo, el Consolador especial, personal y permanente de la Iglesia. A esta verdad dirigió nuestro amado Señor los corazones afligidos de sus discípulos cuando, en vísperas de su retorno a su reino, estaba a punto de retirarles su presencia corporal. Ellos estaban absorbidos por el pesar; y Jesús los consoló prometiéndoles el Espíritu como Consolador, asegurándoles que su presencia permanente más que compensaría la pérdida de su presencia corporal. Lo que el Espíritu fue entonces para los discípulos dolientes, lo ha sido en cada edad sucesiva, lo es ahora y lo será hasta el fin de los tiempos: el Consolador personal y permanente de la familia afligida de Dios.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - May 11
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.