Por lo general, no consideramos a las personas afligidas como bienaventuradas. Sin embargo, aquí hay una bienaventuranza especial para los que lloran. En particular, Jesús probablemente se refería a los que lloran con arrepentimiento. En todo este mundo no hay nada tan precioso ante Dios como las lágrimas de contrición; ningún diamante ni perla brillan con tal esplendor a sus ojos. Fue el mismo Jesús quien dijo: «Hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente». Verdaderamente bienaventurados son, por tanto, aquellos que con verdadero arrepentimiento se afligen por sus pecados; una luz santa resplandece desde el cielo sobre todos esos dolientes. Ellos son consolados con el perdón y la paz de Dios.
Pero sin duda la bienaventuranza se refiere también a aquellos hijos de Dios que se encuentran en tristeza, por cualquier causa. La bendición nunca está más cerca de nosotros que cuando estamos en la aflicción. Si no recibimos consuelo, es porque no queremos aceptarlo. Algún día veremos que hemos recibido las mejores cosas de Dios, no en los días de gozo y alegría terrenal, sino en los tiempos de prueba y aflicción.
Las lágrimas son lentes a través de los cuales nuestros ojos velados ven con mayor profundidad en el cielo, y contemplan con mayor plenitud el rostro de Dios que de cualquier otra manera. Los dolores limpian nuestros corazones de lo terrenal y fertilizan nuestras vidas. Los días de dolor en verdad hacen mucho más por nosotros que los días de regocijo. Crecemos mejor cuando las nubes penden sobre nosotros, porque las nubes traen lluvia, y la lluvia refresca. Además, el consuelo de Dios es una experiencia tan rica que vale la pena soportar la prueba solo para disfrutar la dulce y preciosa consolación que Dios da en medio de ella.
Pero para recibir de nuestros dolores sus posibilidades de bendición, debemos aceptar la aflicción como un mensajero de Dios y orar por un consuelo verdadero, no el simple secado de nuestras lágrimas, sino la gracia para aprovechar nuestra aflicción y obtener de ella el fruto pacífico de justicia.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Comforted
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.