Este pasaje nos presenta al cristiano en su postura más santa y solemne: acercándose a Dios y presentando ante el altar de su gracia el incienso de la oración. La referencia típica es singularmente hermosa. El Señor ordenó un altar para quemar incienso, y Aarón debía quemar cada mañana incienso aromático, y al encender las lámparas al atardecer, también entonces, como incienso perpetuo delante del Señor. Que este incienso era figura de la oración se desprende de Lucas 1:10, donde la multitud oraba fuera a la hora del incienso. Y David, aun en la era más velada de la iglesia, interpreta así este símbolo: «Sea dirigida mi oración como incienso delante de ti».
Pero ¿de dónde surge el incienso de la oración que asciende al trono del Eterno? Oh, surge del corazón. El corazón renovado y santificado del creyente es el incensario del cual se eleva la nube fragante. La verdadera oración es el incienso de un corazón quebrantado por el pecado, humillado por su iniquidad, que llora su dolencia y que ha sido tocado, sanado y consolado con la sangre expiatoria del gran sacrificio de Dios. Este es el verdadero incensario; en este es en lo que Dios mira. «Porque el Señor no mira lo que mira el hombre; el hombre mira lo exterior, pero el Señor mira el corazón». ¡Precioso incensario! Moldeado, formado y embellecido por Dios. No existe sobre la tierra cosa más vil y desagradable, a la vista del creyente que se examina a sí mismo, que su propio corazón. Y, sin embargo, ¡oh maravillosa gracia!, Dios, por su Espíritu renovador, ha hecho de ese corazón un incensario hermoso, costoso y precioso, cuya nube de incienso asciende y llena todo el cielo con su fragancia. Jesús ama ese corazón tuyo; lo compró con la sangre, las angustias y las lágrimas de su propio corazón, y lo ama. Es su templo, su hogar, su incensario, y nunca puede acercarse a Él en oración sin que Él esté dispuesto a aceptar tanto el incensario como el incienso. Aun cuando sea solo un gemido, un suspiro, una lágrima o una mirada, es la voz del corazón; y Dios puede oír la voz de nuestro llanto e interpretar el lenguaje de nuestros deseos cuando los labios no pronuncian palabra alguna. «Señor, todos mis deseos están delante de ti, y mi suspiro no te es oculto».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - January 4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.