Mañana y noche

El cordón de grana que asegura el alma

La sencilla obediencia de Rahab al atar el cordón rojo en la ventana nos llama a confiar en la sangre de Cristo y a vivir de modo que su poder redentor sea visible a todos.

Rahab dependió para su preservación de la promesa de los espías, a quienes miraba como representantes del Dios de Israel. Su fe era sencilla y firme, pero también muy obediente. Atar el cordón de grana en la ventana era un acto en sí mismo muy trivial, pero no se atrevía a correr el riesgo de omitirlo.

Ven, alma mía, ¿no hay aquí una lección para ti? ¿Has estado atento a toda la voluntad de tu Señor, aun cuando algunos de sus mandatos parecieran no esenciales? ¿Has observado a su manera las dos ordenanzas del bautismo de los creyentes y la Cena del Señor? Descuidarlas arguye mucha desobediencia sin amor en tu corazón. Sé en adelante irreprensible en todo, aun en el atado de un hilo, si eso es materia de mandato.

Este acto de Rahab nos presenta una lección aún más solemne. ¿He confiado implícitamente en la preciosa sangre de Jesús? ¿He atado el cordón de grana, como con un nudo gordiano en mi ventana, de modo que mi confianza nunca pueda ser removida? ¿O puedo mirar hacia el Mar Muerto de mis pecados, o la Jerusalén de mis esperanzas, sin ver la sangre y sin ver todas las cosas en relación con su bendito poder?

El transeúnte puede ver un cordón de un color tan llamativo si cuelga de la ventana. Me irá bien si mi vida hace visible a todos los espectadores la eficacia de la expiación. ¿De qué hay que avergonzarse? Miren los hombres o los demonios si quieren: la sangre es mi gloria y mi canción.

Alma mía, hay Uno que verá esa línea escarlata aun cuando, por la debilidad de tu fe, tú no puedas verla por ti misma. Jehová, el Vengador, la verá y pasará de largo sobre ti. ¡Los muros de Jericó cayeron por tierra!

La casa de Rahab estaba sobre el muro, y, sin embargo, permaneció inmóvil; mi naturaleza está edificada en el muro de la humanidad, y, sin embargo, cuando la destrucción hiera a la raza, yo estaré seguro. Alma mía, ¡ata de nuevo el hilo escarlata en la ventana y descansa en paz!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: April 18 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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