La vida de Cristo para cada día

El día desconocido y la separación repentina de Cristo

El tiempo del regreso de Cristo está oculto a ángeles, demonios y hombres, y en aquel día los justos serán arrebatados mientras los impíos quedan a su perdición, llamando a cada uno a examinar su corazón.

¿Qué sentirían los discípulos al oír a su Señor declarar: «No pasará esta generación hasta que todo esto se cumpla»? Aunque el Señor les había indicado cómo escapar de Jerusalén, sin duda sentían compasión por sus compatriotas que padecerían la «gran tribulación.» ¿Qué sentiríamos nosotros si supiéramos que una ciudad hoy tan próspera y floreciente, en el plazo de cuarenta años, quedaría sumergida en sangre y llena de cadáveres? Gracias sean dadas a Dios, no hemos oído semejantes nuevas funestas. Aunque hoy esté llena de ignorancia y vicio, de pobreza y miseria, puede llegar a ser iluminada y feliz mediante la difusión del evangelio en todos sus callejones oscuros y patios concurridos. Pero los discípulos no podían albergar tales esperanzas respecto a Jerusalén. Sabían que, si les era concedido llegar a la vejez, oirían de la destrucción de su ciudad natal.

Antes del comienzo de este discurso habían hecho dos preguntas; la primera fue: «¿Cuándo serán estas cosas?» Esta pregunta se refería a que las piedras del templo serían derribadas. La otra pregunta fue: «¿Qué señal habrá de tu venida y del fin del mundo?» A esta pregunta parece referirse nuestro Señor cuando dice: «Pero del día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.» ¡Cuán notable es que el tiempo de la segunda venida de Cristo esté oculto al conocimiento de toda criatura! Los ángeles no conocen el tiempo; no saben cuándo serán llamados a acompañar a su Rey en su carro de nubes. Los demonios no conocen el tiempo; no saben cuándo serán encerrados en su prisión oscura y ya no se les permitirá tentar a los habitantes de la tierra y del mar. Los hombres malvados no conocen el tiempo; no saben cuándo terminará su día de gracia. Los justos no conocen el tiempo; no saben cuándo serán arrebatados para encontrarse con su Señor en el aire.

Cuando Jerusalén fue destruida, los justos tuvieron que huir; pero cuando Cristo vuelva, serán los impíos quienes intenten huir y no podrán. El mismo brazo todopoderoso que salvará a los justos detendrá a los impíos en su huida. ¡Cuán grande será su consternación al verse separados de repente de sus familiares piadosos! El mismo día en que ocurra este acontecimiento se levantarán ignorantes de lo que les deparará. Dos hombres estarán en el campo, cavando, arando o segando. Uno quizá acaba de proferir sus juramentos profanos, mientras el otro le ha reprendido y le ha recordado el juicio futuro, cuando de pronto los ángeles pueden arrebatar al fiel trabajador a la presencia de su Salvador y dejar a su compañero impío para que pruebe los terrores de su ira. Dos mujeres estarán entregadas a sus labores domésticas, moliendo en el molino o empleadas en alguna otra tarea de la casa. Ambas pueden haber cantado aquella mañana el mismo himno y haber aparentado unirse en la misma oración; pero mientras una era una humilde creyente, la otra era amante del mundo. Cristo revelará de pronto sus verdaderos caracteres, llevando a una para morar con él y dejando a la otra para hundirse en la perdición. ¿No debería cada uno preguntarse: «Si el Señor viniera hoy, ¿qué sería de mí? ¿Me ha oído implorando con earnestez el perdón y su Espíritu Santo? Cuando mira mi corazón, ¿ve que le amo?»

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: Christ foretells the suddenness of his second coming

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

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