Dios no nos ha dado espíritu de temor, sino espíritu de poder, de valor y resolución, para afrontar las dificultades y los peligros; el espíritu de amor hacia él, que nos sostendrá a través de toda oposición. Y el espíritu de una mente sana, de quietud de mente. El Espíritu Santo no es el autor de una disposición tímida o cobarde, ni de temores serviles. Es probable que llevemos bien las aflicciones cuando tenemos la fuerza y el poder de Dios que nos capacita para soportarlas. Como suele hacer Pablo, cuando menciona a Cristo y su redención, se extiende sobre ellos; tan lleno estaba de aquello que es toda nuestra salvación, y que debería ser todo nuestro deseo.
El llamado del evangelio es un llamado santo, que santifica. La salvación es por libre gracia. Se dice que nos fue dada antes de que el mundo comenzara, es decir, en el propósito de Dios desde toda la eternidad; en Cristo Jesús, porque todos los dones que provienen de Dios hacia el hombre pecador llegan en y por Cristo Jesús solamente. Y como hay una perspectiva tan clara de la felicidad eterna por la fe en él, que es la Resurrección y la Vida, demos más diligencia en asegurar su salvación a nuestras almas. Los que se aferran al evangelio no tienen de qué avergonzarse; la causa los respaldará; pero los que se oponen a él, serán avergonzados.
El apóstol había confiado su vida, su alma y sus intereses eternos al Señor Jesús. Nadie más podría librar y asegurar su alma a través de las pruebas de la vida y de la muerte. Viene un día en que se preguntará por nuestras almas. Tú tenías un alma encomendada a ti; ¿cómo fue empleada? ¿en el servicio del pecado, o en el servicio de Cristo? La esperanza del cristiano verdadero más humilde se apoya en el mismo fundamento que la del gran apóstol. Él también ha aprendido el valor y el peligro de su alma; él también ha creído en Cristo; y el cambio obrado en su alma convence al creyente de que el Señor Jesús lo guardará para su reino celestial.
Pablo exhorta a Timoteo a retener firmemente las Sagradas Escrituras, la sustancia de la sólida verdad del evangelio que hay en ellas. No basta con asentir a las palabras sanas, sino que debemos amarlas. La doctrina cristiana es un depósito que se nos ha confiado; es de valor incalculable en sí misma, y será de provecho incalculable para nosotros. Se nos confía para que se conserve pura e íntegra, pero no debemos pensar en guardarla con nuestras propias fuerzas, sino por el poder del Espíritu Santo que habita en nosotros; y no la obtendrán los que confían en sus propios corazones y se inclinan a sus propios entendimientos.
Habla de muchos que lo abandonaron vilmente; pero habla con afecto de Onesíforo (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — 2 Timothy 1:6-14
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.