Como sistema de consolación divina e infalible, hay en el evangelio de Jesús un encanto de dulzura indescriptible. Originado en aquel Dios, no sólo cuyo nombre y cuya perfección, sino cuya misma esencia es amor, y que Él mismo es el Dios de toda consolación, ha de ser un evangelio de fuerte consolación, proporcionado a toda pena concebible de su pueblo. Que lo testifiquen quienes, en medio de las pruebas y los conflictos de su peregrinación, lo han experimentado. Ciertamente sólo por esta prueba puede estimarse su carácter real. Como no podemos dar idea adecuada del sonido al sordo, del color al ciego, ni de la vida al muerto, tampoco podemos, por la más elaborada razón o la más elocuente descripción, transmitir a una mente ajena al dolor —si tal hubiera— idea alguna del poder admirable del evangelio como sistema consumado de la más rica consolación y sostén.
Pero colóquese a un cristiano en circunstancias de la pena más honda y la prueba más recia —el pan y el agua de la aflicción por alimento, el hierro entrando en su alma, el corazón despojado, la mente perpleja, el espíritu oscurecido, toda esperanza humana marchita y los cisternos de la criatura secándose como manantial en la sequía del estío—, y entonces que el Espíritu de Dios, el divino Consolador, abra esta caja de perfume, breathing en su alma las ricas consolaciones, las preciosas promesas, las firmes seguridades, los divinos consejos y las ardientes esperanzas que contiene, y en un momento aparece la luz del amor en su nube oscura, su espíritu desfallecido revive y todo es paz. ¡Qué evangelio tan admirable ha de ser aquel que puede suplir las necesidades del hombre en cada punto, cuya sabiduría ninguna perplejidad humana puede frustrar, y cuyos recursos de simpatía y consuelo ningún caso de sufrimiento o dolor puede agotar!
Alma probada, acude a este manantial inagotable de consuelo. Dios te habla en él; es la apertura del corazón de Jesús; es la voz apacible y delicada del Espíritu. Te habla y te dice: «Echa sobre el Señor tu carga, y Él te sustentará»; «Invócale en el día de la angustia, y Él te responderá». Te asegura que, en medio de todos tus cuidados perplejos, Él tiene cuidado de ti. Te promete que para tu sendero empedrado de pedernal serán tus zapatos de hierro y de bronce, y que «como tus días, así será tu fuerza». Te dice que «la mujer no se olvidará de su niño de pecho, pero Dios no se olvidará de ti»; que en todas tus angustias habitarás en lo alto y tu refugio será la fortaleza de las rocas; y aunque estés cercado por todas partes por un enemigo que asedia y cortado todo otro suministro, «tu pan te será dado, y tus aguas no faltarán». Te invita a poner tus penas y llorar tus dolores sobre el pecho de Jesús, y así, apoyándote en tu Amado, ascender del desierto. ¡Oh, ser conducido a la experiencia vivida de estas verdades, aun atravesando olas de dolor hacia las llamas del martirio!
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - December 13
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.