Mañana y noche

El evangelio es el mayor de los milagros

El afán por señales y maravillas revela un corazón enfermo; el evangelio mismo, con sus promesas de vida eterna, es prueba suficiente de la veracidad de un Salvador que no puede mentir.

El ansia de maravillas era un síntoma del estado enfermizo de las mentes de los hombres en los días del Señor; rechazaban el alimento sólido y suspiraban por lo milagroso. El evangelio que tanto necesitaban no lo querían. Jesús no siempre escogió conceder los milagros que ellos pedían con tanta ansia. Muchos hoy día deben ver señales y prodigios, o no creerán. Algunos han dicho en su corazón: «Debo sentir un horror profundo del alma, o nunca creeré en Jesús.» Pero ¿qué pasa si nunca lo sientes, como probablemente nunca lo sentirás? ¿Irás al infierno por despecho contra Dios, porque Él no te trate como a otro?

Uno se ha dicho a sí mismo: «Si tuviera un sueño, o si pudiera sentir una conmoción repentina de no sé qué, entonces creería.» ¡Así vosotros, mortales indignos, soñáis que mi Señor ha de ser dictado por vosotros! Sois mendigos a su puerta, pidiendo misericordia, y os creéis con derecho a redactar reglas y reglamentos sobre cómo Él ha de conceder esa misericordia. ¿Pensáis que Él se someterá a esto? Mi Maestro es de espíritu generoso, pero tiene un corazón verdaderamente real; rechaza toda dictadura y mantiene su soberanía de obrar.

¿Por qué, querido lector, si ese es tu caso, anhelas señales y prodigios? ¿No es el evangelio su propia señal y maravilla? ¿No es este un milagro entre milagros, que «de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él no se pierda»? Ciertamente aquella palabra preciosa: «El que quisiere, venga y tome del agua de la vida gratuitamente», y aquella promesa solemne: «Al que viene a Mí, no le echo fuera», ¡son mejores que señales y maravillas! Un Salvador veraz debe ser creído. Él es la verdad misma. ¿Por qué pedirás prueba de la veracidad de aquel que no puede mentir? Los mismos demonios lo declararon Hijo de Dios; ¿tú lo desconfiarás?

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: September 2 — Evening

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura