No hay perfección cristiana, ni confirmación divina, ni fortaleza espiritual, ni asentamiento firme, sino por medio del sufrimiento. Pero después que el alma ha padecido, después que ha sentido la mano disciplinadora de Dios, el efecto es perfeccionarla, confirmarla, fortalecerla y asentarla. Por el sufrimiento, el creyente queda afianzado en una solemne convicción del carácter de Jehová, tal como se revela en las Escrituras y, en alguna medida, se hace manifiesto experimentalmente en su conciencia. Queda asentado en la creencia de un «pacto sempiterno, ordenado en todo y asegurado»; en la persuasión de que «todas las cosas cooperan para bien a los que aman a Dios, a los que son llamados conforme a su propósito»; y en la firme convicción de que todo sucede según el propósito eterno de Dios, y todo tiende al bien de la Iglesia y a la gloria eterna de Dios.
Su alma también se posa en una profunda persuasión de la miseria, la desdicha y el vacío de la criatura; en la convicción de que el mundo es solo una sombra, y que las cosas del tiempo y de los sentidos no son más que burbujas que estallan en cuanto se pretenden asir; que de todas las cosas, el pecado es lo más temible, y el favor de Dios lo más deseable por encima de todo; que nada vale verdaderamente la pena conocer sino a Jesucristo y a este crucificado; que todas las cosas pasan, y que él mismo se precipita velozmente por la corriente de la vida hacia el océano sin límites de la eternidad. Así queda asentado en el conocimiento de la verdad, y su alma permanece anclada, mirando al Señor para que lo preserve aquí y lo lleve en paz y seguridad a su hogar eterno.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: August 4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.