«Mi alma deseó las primeras frutas» Miqueas 7:1
«En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos» Juan 15:8
Tú deseas tener fruto de mí, buen Labrador. Ciertamente no las malas hierbas del pecado real y aborrecible. No la esterilidad y el vacío de una vida indiferente a Ti. Ni las obras de la carne, ni tampoco las obras del alma, realizadas con fastidio y orgullo. Ni solamente las flores del carácter natural y la gracia. No — sino fruto de tu creación, fruto que brota espontáneamente del corazón nuevo, fruto de Canaán y no de Egipto.
Pero esto no es todo. Tú deseas el fruto temprano. El higo en su dulzura. La manzana cuando sus jugos están más llenos y ricos. La cebada y el trigo con espigas compactas y desbordantes.
Advierto con cuánta facilidad el fruto maduro se distingue de las hojas que lo rodean, y Tú me dices que no debe haber duda acerca de mi devoción. Hazme más franco, más decidido, más sincero de corazón. Advierto cómo el fruto maduro rebosa de deleite jugoso — y Tú me dices que debo estar lleno de misericordia, bondad, mansedumbre y paciencia. Advierto cómo el fruto maduro inclina su cabeza — y Tú me dices que debo revestirme de humildad; enséñame aquí, como allí, a echar mi corona delante de tu trono. Y advierto cómo el fruto maduro toma el color del sol que lo madura, y Tú me dices que debo crecer hasta la perfección de Cristo; dame, Dios mío, más de esta Luz del Sol que jamás hubo sobre mar o tierra.
No quisiera defraudar del todo al celestial Labrador que tan bien se merece de mí.
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — Micah 7:1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.