Parece extraño, pero es más fácil llorar con los que lloran que gozarse con los que se gozan. Hay algo en el dolor que hace un llamado irresistible a todo corazón, conmoviéndolo con ternura y suscitando expresiones de simpatía. El sufrimiento ajeno desarma todo sentimiento hostil y depara, al menos por un tiempo, tregua a toda amargura, celos y resentimiento. Lloramos incluso con nuestro enemigo cuando lo encontramos en dolor o tristeza. Nadie envidia jamás el dolor de otro.
Pero cuando vemos a otros gozosos, no es tan natural, según la naturaleza, alegrarnos con ellos. El ánimo de la alegría no encuentra con tanta seguridad cuerdas simpáticas en el corazón de los demás. Hay quienes sienten envidia de la felicidad ajena y se vuelven aún más miserables con el gozo de los otros. Esto es ciertamente un espíritu poco divino, pero nadie puede negar su existencia en muchos corazones.
La alegría ajena no hace en el corazón el mismo llamado que el dolor. No necesita ayuda. Con todo, debemos aprender bien la lección de que es igualmente nuestro deber gozarnos con los que se gozan que llorar con los que lloran. Es una prueba difícil del carácter: saber alegrarnos porque nuestro amigo prospera, aun cuando nosotros no gocemos en ese momento de prosperidad. Revela un corazón sano y una vida espiritual robusta.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - October 8
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.