Aunque el cristiano en sí mismo es triste y tiene motivo para estarlo todo el día, sin embargo en la medida en que tiene alguna visión por fe del Señor Jesucristo, alguna buena esperanza por gracia o alguna manifestación de su Persona, obra, sangre y amor, puede estar siempre gozoso. Es más, su misma tristeza abre camino al gozo. No hay lugar en un corazón mundano para el gozo espiritual, porque el Señor da el gozo en la tristeza. Cuando el corazón está hundido en lúgubre sombra y temor, y la duda y la angustia se apoderan de la mente, cuando aflicciones familiares, o pérdidas dolorosas, o circunstancias penosas llenan el corazón de congoja y desmayo, ese es precisamente el tiempo en que el Señor vierte el gozo en el alma.
A medida que abundan las aflicciones, abundan también las consolaciones. La tristeza y el gozo están unidos como la noche y el día, como el sol y la luna, como el cielo y la tierra. Sin tristeza no puede haber gozo, pues el gozo es su contrapeso. Si tuvieras todo lo que tu corazón pudiera desear, ¿qué lugar habría para el gozo espiritual? Pero cuando todas las fuentes del gozo terrenal se secan y no hay ante ti en este mundo sino tristeza y tribulación mientras dure la vida; cuando estás afligido en el cuerpo, pobre en las circunstancias, probado en la familia, atribulado en la mente, y no hay sino dolor y miseria, entonces tienes en tu corazón espacio abierto para recibir las dulces consolaciones de la gracia de Dios.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: February 24
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.