Mañana y noche

El gozo del perdón completo

La dulce palabra «perdón» resuena en el oído del pecador culpable como notas de jubileo; por la sangre de Cristo, nuestros pecados son perdonados del todo y para siempre.

¿Podría haber una palabra más dulce en cualquier lengua que esa palabra «perdón», cuando resuena en el oído del pecador culpable, como las notas de plata del jubileo para el israelita cautivo? Bendita, bendita para siempre sea esa querida estrella del perdón que brilla en la celda del condenado y da al que perece un destello de esperanza en medio de la medianoche de la desesperación.

¿Puede ser posible que el pecado, un pecado como el mío, sea perdonado, perdonado del todo y para siempre? El infierno es mi porción como pecador; no hay posibilidad de escapar de él mientras el pecado permanezca sobre mí. ¿Puede quitarse la carga de culpa? ¿Puede borrarse la mancha carmesí? ¿Pueden aflojarse jamás las piedras adamantinas de mi prisión de sus mortajas, o levantarse las puertas de sus goznes? Jesús me dice que aun puedo ser perdonado. Bendita para siempre sea la revelación del amor expiatorio, que no solo me dice que el perdón es posible, sino que está asegurado a todos los que descansan en Jesús. He creído en el sacrificio expiatorio designado, Jesús crucificado, y por tanto mis pecados están en este momento, y para siempre, perdonados en virtud de sus dolores y muerte sustitutorios. ¡Qué gozo es este! ¡Qué dicha ser un alma perfectamente perdonada! Mi alma dedica todas sus potencias a aquel que por su propio amor no comprado se hizo mi fiador y me labró la redención por su sangre.

¡Qué riquezas de gracia exhibe el perdón gratuito! ¡Perdonar en absoluto, perdonar plenamente, perdonar libremente, perdonar para siempre! ¡Aquí hay una constelación de maravillas! Cuando pienso en cuán grandes fueron mis pecados, cuán preciosas fueron las gotas que me limpiaron de ellos, y cuán bondadoso fue el método por el cual el perdón me fue sellado, me hallo en un laberinto de afecto reverente y admirado. Me postro ante el trono que me absuelve, abrazo la cruz que me libra, y sirvo en adelante todos mis días al Dios encarnado, por quien soy esta noche un alma perdonada.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: November 27 — Evening

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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