La soledad endulzada

El gozo incomparable de la salvación eterna

Imagina el alivio del viajero perdido al ver la luz del alba, del marino que llega al puerto deseado, del esclavo coronado como rey. Tales, y mucho más, son el gozo de la salvación, donde los pecadores son hechos santos y conformados a Cristo.

¿Cuál no será el gozo del viajero extraviado, que ha perdido su camino y camina cada paso con terror de su vida entre el rugido de los leones y los alaridos de las fieras a su alrededor, cuando la luz de la mañana dispersa sus temores y el sol naciente devuelve a las bestias presa a sus guaridas?

¿Cuál no será el gozo del marinero sorprendido por una tempestad terrible, mientras los cielos retumbaban con truenos y relámpagos y el océano se embravecía con altas olas hinchadas, hasta que su nave era un despojo y esperaba ser sepultado en cada oleada que volvía, cuando de pronto la tormenta se trueca en calma, su tierra natal aparece a la vista y arriba seguro a su puerto deseado?

¿Cuál no será el gozo de aquel que, desterrado a un cruel exilio, ha vivido largo tiempo entre salvajes o bestias de presa, cuando, llamado por un edicto real, es invitado a habitar entre sus hermanos y en la casa de su padre?

¿Cuál no será el gozo del hombre indigente que, oprimido por la pobreza, jamás pudo llamar suyo nada, cuando halla un tesoro tan rico, tan inmenso, que desde entonces será tenido por el hombre más opulento del país?

¿Cuál no será el gozo del rebelde que, proscrito y con precio sobre su cabeza, se ocultaba en continuo temor y se estremecía a cada soplo de viento, cuando el perdón real le devuelve la vida, le restituye al favor y le admite a la presencia de su soberano?

¿Cuál no será el gozo del valiente soldado que, habiendo permanecido largo tiempo en el campo de batalla, enfrentando tropel tras tropel hasta quedar casi desfallecido y fatigado hasta la muerte, al fin vence a todos sus enemigos, gana el campo y regresa seguro a su recompensa?

¿Cuál no será el gozo de aquel que ha estado encadenado a la discordia y la contienda durante muchos años, cuando es bendecido con paz a su alrededor, paz en su propia casa y paz en su propia mente?

¿Cuál no será el gozo de aquellos padres afectuosos cuyo único hijo es librado de las fauces de la muerte?

¿Cuál no será el gozo del esposo amante cuya esposa, buena y cariñosa, es como resucitada para él de entre los muertos?

¿Cuál no será el gozo del preso que ha estado largo tiempo confinado en una mazmorra inmunda, ajeno a la luz del día, a los dulces placeres de la sociedad y a las visitas de sus amigos, cuando se ve puesto en perfecta libertad para caminar a la luz y gozar con sus amigos?

¿Cuál no será el gozo del caminante que ha recorrido días enteros sobre ardientes montañas, en torno a terribles cráteres de volcantes volcanes, temblando de hundirse entre las llamas devoradoras o de perecer por alguna erupción súbita, cuando se halla seguro en la fragante llanura y encantado con los viñedos que se extienden a su alrededor?

¿Cuál no será el gozo del quebrado cuyo generoso amigo paga todas sus deudas, le saca de la cárcel y le provee un fondo que jamás volverá a faltarle?

¿Cuál no será el gozo del enfermo encamado que por largo tiempo volvió su rostro del mundo hacia la pared, contempló la tumba como su único albergue y se despidió de los hijos de los hombres, cuando es levantado de su lecho de languidez, recobra su salud y renueva su juventud como la del águila?

¿Cuál no será el gozo del criminal que, culpable de algún atroz delito, ha sido condenado a perder la vida y, en el día señalado, en medio de miles reunidos, es conducido al suplicio, cuando he aquí un mensajero, veloz como las alas del viento, llega con un perdón real que hincha su pecho de transporte y de sorpresa y le salva de la muerte?

¿Cuál no será el gozo de un pueblo sitiado y tan estrechado y reducido al hambre que casi se ve compelido a comer la carne de los demás o la propia, cuando el sitio termina y la abundancia entra por cada puerta?

¿Cuál no será el gozo del que viaja sobre arenas ardientes, abrasado por el sol y consumido por una sed rabiosa, hasta el punto de estar a punto de caer muerto, cuando ante él aparece una fuente cristalina o un arroyo corriente?

¿Cuál no será el gozo de un mendigo cuando se hace heredero de un príncipe acaudalado?

¿Cuál no será el gozo de un esclavo que, aunque cargado de cadenas, ha sentido muchas veces la cruel vara de su brutal amo, cuando ve romperse sus grillos, quitarse su vil vestidura, vestirse él de púrpura, ponerse una corona sobre su cabeza, un cetro en su mano y ser proclamado rey?

Tal, y mucho más, es el gozo de la salvación, donde los pecadores son hechos santos, donde los gusanos se elevan a ángeles, y donde los hombres pecadores son hechos semejantes a Cristo.

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: The joy of salvation

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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