¿Dónde está el corazón profundamente consciente de su extravío que pueda resistir el poder de un lenguaje como este? Aquí tienes el fundamento para tu regreso: la libre invitación de Dios. No necesitas más. ¿Qué importa que Satanás te desanime, que tus pecados te acosen, que la culpa, la incredulidad y la vergüenza se confabulen para estorbar tu camino? Si Dios dice: «¡Vuélvete!», eso te basta. Si Él está dispuesto a recibirte de nuevo, a perdonar tus pecados, a olvidar tu ingratitud, a sanar tus extravíos y a restaurar tu alma, tienes el amplio derecho de regresar frente a toda oposición y desaliento.
El carácter de Dios mismo anima el regreso del alma apartada. En sus invitaciones Él apela a lo que Él es: «Vuélvete, oh Israel apóstata, dice el Señor; y no haré caer mi ira sobre vosotros, porque misericordioso soy.» ¡Oh, argumento conmovedor, que doblega el alma y derrite el corazón: «Vuélvete a mí, porque soy misericordioso!» Misericordioso para recibirte, misericordioso para perdonarte, misericordioso para sanarte. ¡La inmensa misericordia de Dios en Cristo hacia un alma que regresa de sus extravíos! ¿No te atrae esto? Él dice además: «Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como una niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí.» La obra ya está hecha, el perdón ya ha salido, el extravío ya ha sido perdonado; no te detengas, pues, sino vuelve.
Tal es el carácter de Dios, como un Dios misericordioso y perdonador de pecado, presentado en su Palabra como motivo y aliento para regresar. En ti mismo ves todo para desanimarte; pero Dios sale al encuentro, vindica su propio carácter bondadoso, despliega su amor y, con acentos los más alentadores y persuasivos, se dirige a su hijo errante y le dice: «Vuélvete, oh Israel apóstata, porque soy misericordioso.» En la parábola del hijo pródigo hallamos este carácter bellamente retratado: «Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.» Todo esto es Dios para ti, alma que regresas. Él vigila anheloso tu primer movimiento hacia Él, aguarda el primer signo de tu retorno, el primer sonido de tus pasos, las primeras ternuras de tu corazón; y aun más: envía su propio Espíritu para obrar ese retorno en ti, quebrantar tu corazón, despertar tu espíritu dormido y atraerte y ganarte para sus brazos. Este es tu Dios, a quien abandonaste, de cuyos caminos te apartaste, pero que en el extremo mismo de tu alejamiento nunca retiró de ti ni un instante su mirada de amor.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - September 10
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.