No corresponde a ningún hombre, y especialmente a los hombres de Dios, fijar su corazón en las cosas de este mundo; los hombres de Dios deben ocuparse de las cosas de Dios. Ha de haber un conflicto con la corrupción, las tentaciones y los poderes de las tinieblas. La vida eterna es la corona propuesta para nuestro aliento. Se nos llama a echar mano de ella. A los ricos deben señalárseles de modo especial sus peligros y sus deberes, en cuanto al uso adecuado de las riquezas. Pero ¿quién puede dar tal advertencia sin estar él mismo por encima del amor de las cosas que la riqueza puede comprar? La aparición de Cristo es cierta, pero no nos corresponde conocer el tiempo. Los ojos mortales no pueden soportar el resplandor de la gloria divina. Nadie puede acercarse a él sino en cuanto se da a conocer a los pecadores en y por Cristo. Aquí se adora la Deidad sin distinción de Personas, pues todas estas cosas se dicen propiamente, ya sea del Padre, del Hijo o del Espíritu Santo. Dios se nos revela únicamente en y a través de la naturaleza humana de Cristo, como el unigénito Hijo del Padre.
El apóstol repite su advertencia a los ricos y cierra con una bendición (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — 1 Timothy 6:11-16
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.