Cuando Cristo comenzó a predicar, comenzó a reunir discípulos, que serían oyentes y después predicadores de su doctrina, y testigos de sus milagros que después darían testimonio de ellos. No fue a la corte de Herodes, ni a Jerusalén, entre los principales sacerdotes y los ancianos, sino al mar de Galilea, entre los pescadores. El mismo poder que llamó a Pedro y a Andrés podría haber obrado sobre Anás y Caifás, pues para con Dios nada es imposible. Pero Cristo escoge las cosas necias del mundo para avergonzar a las sabias. La diligencia en una ocupación honesta es agradable a Cristo, y no es estorbo para una vida santa. Las personas ociosas están más expuestas a las tentaciones de Satanás que a los llamados de Dios. Es algo feliz y esperanzador ver a los hijos cuidar de sus padres y ser obedientes. Cuando Cristo viene, es bueno ser hallado haciendo. ¿Estoy yo en Cristo? Es una pregunta muy necesaria que nos hagamos a nosotros mismos; y, después de esta, ¿Estoy yo en mi vocación? Ellos habían seguido a Cristo antes, como discípulos comunes, Juan 1:37; ahora debían dejar su oficio. Quienes quieran seguir a Cristo debidamente, deben, a su mandato, dejar todas las cosas para seguirle, y estar dispuestos a desprenderse de ellas. Esta muestra del poder del Señor Jesús nos anima a depender de su gracia. Él habla, y es hecho.
Jesús enseña y hace milagros
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Matthew 4:18-22
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.