«No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humea.» Isaías 42:3
Que me goce en un Salvador y Señor que Él mismo ha tomado mi propia naturaleza en sus fragilidades y dolores. Puedo estar plenamente seguro de su simpatía y de su sostén. Aunque yo sea una caña cascada —Él no quebrará mi debilidad. Aunque yo sea un pábilo que arde tenuemente, Él no apagará mi luz vacilante. Recuerda demasiado bien cuando pusieron una caña en su propia mano, el único cetro que le permitieron; y cuando, en la tiniebla de Getsemaní, del Gólgota y del sepulcro, su luz pareció del todo extinta y perdida.
No, no. Él usa, ama y transfigura a las cañas cascadas. Se vuelven plumas para escribir las maravillas de su verdad y las riquezas de su gracia. Se vuelven instrumentos de dulce música para hacer resonar sus alabanzas con melodía que gana. Se vuelven columnas que sostienen y adornan su templo. Se vuelven espadas y lanzas para poner en fuga a sus enemigos; de modo que, como canta un poeta, «la caña cascada es lo bastante recia para atravesar el escudo del error».
Y Él ama, emplea y aviva hasta convertirlas en llama viva y resplandeciente a los pabilos que arden tenuemente. Son transformados...
en lámparas que brillan para guiar los pies extraviados,
en fuegos de alarma que apartan a los navegantes del banco de arena y de la costa de hierro,
en antorchas que transmiten su mensaje a la generación que sigue,
en haces de faro que conducen a los marineros sacudidos por la tempestad al puerto que anhelan.
Doy gracias por un Señor tan poderoso y tan bondadoso. No necesito desesperar de mí mismo, puesto que es Jesús con quien tengo que ver.
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — Isaiah 42:3
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.