«Los hombres mundanos oyen . . .
de la belleza de la santidad,
de la excelencia de Cristo,
de los ricos tesoros de la gracia,
de lo precioso del Cielo —
como si estuvieran en un sueño. Consideran tales cosas como meras fantasías — como los necios sueños de montañas de oro, o lluvias de perlas.»
«Su camino es su propia locura.» Cuando los hombres de ciencia nos describen sus curiosos experimentos y singulares descubrimientos — sabemos que son personas de crédito, y por tanto aceptamos su testimonio. ¿Por qué, pues, no nos hacen los hombres del mundo la misma justicia y creen lo que les decimos? Somos tan cuerdos como ellos y tan observantes de la ley de la verdad — ¿por qué, entonces, no nos creen cuando declaramos lo que el Señor ha hecho por nuestras almas? ¿Por qué nuestra experiencia en el mundo espiritual ha de ser tratada como una ficción — más que sus descubrimientos en la química o la geografía? No hay justicia en el trato con que se recibe nuestro testimonio.
Sin embargo, el cristiano no tiene por qué quejarse, pues por la naturaleza de las cosas puede esperar que así sea; y el hecho de que así sea es una confirmación de sus propias creencias.
En un mundo de ciegos, una raza escogida a la que se le hubiera dado la vista — con seguridad sería considerada como loca o falsa. ¿Cómo podría esperarse que la mayoría ciega aceptara el testimonio de los pocos que ven? ¿No heriría su orgullo admitir que otros poseían facultades superiores de las que ellos carecían? ¿Y no sería muy probable que los ciegos se confabularan para considerar a los hombres de ojos como soñadores fanáticos o necios engañados?
«El hombre natural no acepta las cosas que proceden del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no puede entenderlas, porque se disciernen espiritualmente.» 1 Corintios 2:14. Los hombres no regenerados no conocen las cosas del Espíritu de Dios, y de ningún modo es cosa extraña que se burlen de lo que no pueden entender.
Es triste que aquellos que son soñadores en el peor sentido piensen que otros lo son, pero de ningún modo es tan extraordinario como para causarnos sorpresa.
Oh mi Señor, sea lo que sea que otros piensen de mí, ¡hazme cada vez más sensible a tu presencia y a los gloriosos privilegios y esperanzas que tu gracia crea en el corazón! Aunque los hombres dijeran de mí, como de José: «¡He aquí viene este soñador!», no me entristecerá, con tal de que Tú estés conmigo y tu favor me haga bienaventurado.
«El dios de este siglo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.» 2 Corintios 4:4
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: Behold, this dreamer comes!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.