«¡Oh Jehová, perdona mi iniquidad, porque es grande!» Salmo 25:11
«Donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia.» Romanos 5:20
«Porque Él perdonará abundantemente.» Isaías 55:7
Para Dios es lo mismo perdonar a un pecador arrepentido sus transgresiones, sean grandes o pequeñas, muchas o pocas; pues todas son expiadas con un solo rescate. Ningún pecado, propiamente hablando, es pequeño en sí mismo; y ninguno es mayor que la gracia de Dios y el precio infinito pagado por él. Por tanto, cualesquiera que sean los pecados que un hombre sienta, puede lanzarse sobre la abundante gracia de Dios. Esta gracia debe ser también nuestro consuelo, en el cual apoyarnos solos, aun cuando nos va mejor; pues entonces únicamente nos va mejor cuando dependemos solo de la gracia y vivimos en ella, como en nuestro elemento. La gracia trae salvación, purifica nuestra naturaleza y nos hace aptos para el cielo. Ella comienza, lleva adelante y completará nuestra restauración a la imagen de Dios. La gracia puede hacer cualquier cosa por un pecador porque actúa libremente, y un pecador puede esperar cualquier cosa de la gracia porque ella solo busca su propia gloria. Si el pecado es un río, la gracia es un océano; y el río no es más tragado por el océano, de lo que los pecados de un creyente son tragados por la gracia. ¡Oh alma mía, admira, adora y alégrate en la gracia libre y soberana!
¿Qué, aunque tus numerosos pecados excedan
las estrellas que llenan los cielos,
y, apuntando al trono eterno,
se alcen como montañas puntiagudas?
Mira, aquí fluye un océano sin fin
de gracia nunca fallida;
contempla las venas de un Salvador moribundo:
¡crece el sagrado diluvio!
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — May 6
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.