A veces Dios consuela al abatido llevándolo a descansar en la plenitud y la firmeza de su pacto. David era un hombre de gran gracia, conforme al corazón de Dios, y sin embargo fue profundamente probado. Cuanto más precioso es el metal que el refinador coloca en su crisol, más severa es la prueba a la que lo somete. Esto puede explicar, para algunas mentes, un misterio en la conducta divina: por qué los santos más distinguidos han sido siempre los más probados. Pero veamos cómo Dios consoló a David en la prueba más amarga que puede quebrantar el corazón de un padre creyente. Él había dispuesto, según su parecer, lo mejor para el bienestar de su familia. Dios entra y lo trastorna todo. Incesto, traición y asesinato son crímenes que se abren paso dentro de su círculo doméstico. Sus hijos se envilecían, y él no podía contenerlos. ¡Qué nube descansaba sobre su tienda! ¡Cuán amargas eran las aguas que bebía! Y, sin embargo, veamos cómo Dios lo consoló: "Aunque mi casa no sea así con Dios, con todo, él ha hecho conmigo un pacto eterno, bien ordenado y seguro; porque en esto está toda mi salvación y todo mi deseo".
Creyente, este pacto es también tuyo. Tienes el mismo interés personal en él que tuvo David. Las "misericordias firmes" del verdadero David son tuyas, como lo fueron para "el dulce cantor de Israel". En medio de la prueba doméstica, de los cambios familiares, de los designios frustrados y de las esperanzas marchitas, Dios ha hecho contigo, en las manos de Jesús, su Fiador y Mediador, "un pacto eterno". En él está registrada toda tu historia por aquel que conoce el fin desde el principio. Todos los eventos de tu vida, todos los pasos de tu camino, todas tus tristezas y tus consuelos, todas tus necesidades y tus provisiones, están ordenados en ese pacto que está "ordenado en todo". Mientras la mutabilidad es un elemento constitutivo de todo lo temporal, con un "que pasa" escrito sobre el paisaje más hermoso de la vida y sobre el tesoro más querido del corazón, este pacto, y solo este, permanece seguro e inmutable.
Que el pacto sea, pues, tu consuelo y tu sostén, tu ancla en la tormenta, el arco en tu nube, sobre el cual Dios te invita a fijar tus ojos de fe. Sí, toda tu salvación y todo tu deseo, aunque él no haga crecer el consuelo doméstico. Cuando el hogar se desmorona y lo que más amamos se tambalea, mira al Cristo del pacto: él no falla, y su amor permanece firme por los siglos.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - April 30
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.