Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

El padecedor perfecto y la copa amada

Cristo valoró la compasión de las mujeres que ofrecieron una bebida narcótica, pero no la bebió: quiso apurar hasta la última gota la copa del Padre y mantener despejada su comunión al entrar en la muerte.

La oferta nacía de una intención bondadosa. Existía en Jerusalén una asociación de mujeres, una hermandad compasiva, cuya labor consistía en preparar esos brebajes estupefacientes para los que eran crucificados. El propósito era producir un estado de incosnciencia parcial, de modo que los dolores terribles no se sintieran con tanta intensidad. Es grato descubrir que una asociación así existiera ya en aquel tiempo, y que estuviera entre el pueblo judío. La verdadera religión siempre produce tales frutos. El cristianismo ha llenado el mundo de ministerios tan tiernos. Dondequiera hay sufrimiento, allí acuden las cristianas para aliviarlo.

Pero conviene advertir que Cristo no aceptó esta poción. La probó, mostrando con ello que reconocía y apreciaba la bondad de quien la ofrecía; pero no la bebió. Una razón, probablemente, fue que no quería disminuir en modo alguno la amargura de la copa que su Padre le había dado a beber. Quería apurarla hasta la última gota, y no adormecer en sí mismo el sentido del sufrimiento para hacer el trago menos amargo.

Otra razón, sin duda, fue que no quería nublar su mente en lo más mínimo al entrar en las últimas experiencias de la vida. No quería empañar la limpidez de su comunión con su Padre mediante ninguna poción que mermara su plena conciencia. El ejemplo de Cristo no enseña que sea indebido, en los casos comunes, usar anestésicos para adormecer el sentido del dolor. Había razones peculiares por las cuales nuestro Señor no quiso mitigar nada de la amargura de su sufrimiento. El cloroformo y el éter han sido agentes maravillosos de misericordia y bendición en el mundo. Pero sí parece conveniente que una persona, al morir, no reciba poción alguna que nuble la mente o que haga pasar al alma en estado de estupor por las experiencias de la muerte y hasta la presencia de Dios.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: The Perfect Sufferer

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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