Tanto la humildad como la fe ágil y fervorosa de esta mujer aparecen en esta respuesta. Ella no se ofendió por el lenguaje que nuestro Señor había usado. Estaba dispuesta a ser como un perro bajo la mesa del Maestro. Los hijos eran servidos primero, y luego las piezas que dejaban caer pertenecían a los perros. Y aun las migajas de esa mesa eran suficientes para ella, más que los manjares más exquisitos de cualquier otra mesa.
Así, tanto la humildad como la fe se mostraron en su respuesta; y en ambas, ella es un ejemplo para nosotros. Debemos acercarnos a Cristo con un profundo sentido de nuestra indignidad, listos para ocupar el lugar más bajo. Es algo tan precioso que se nos permita tomar aun las migajas de la mesa del Maestro, que deberíamos exultar en ese privilegio. Aun las migajas de su gracia y de su amor son mejores que todos los banquetes más espléndidos de este mundo.
Sin embargo, no somos alimentados con migajas; somos sentados a la mesa plena, con las provisiones más ricas ante nosotros. El prodigo, al regresar, pidió solo ser hecho siervo, pues se sentía indigno de ser restaurado al lugar de hijo. Pero el amor del padre no conoció semejante restauración a medias. El manto blanco, el anillo, los zapatos le fueron dados, insignias de la filiación. Dios pone a los más humildes e indignos de inmediato en el lugar de los hijos, y los alimenta abundantemente.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Crumbs from the Master's Table
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.