Mañana y noche

El pueblo de Dios está seguro en medio del juicio

El amor divino resplandece en medio de los juicios: como Dios cuidó de Elías y de su remanente, así guarda a su pueblo en toda adversidad.

El amor divino se hace patente cuando resplandece en medio de los juicios. Bella es aquella estrella solitaria que sonríe entre las grietas de los nubarrones; luminoso es el oasis que florece en el desierto de arena; así de bello y luminoso es el amor en medio de la ira.

Cuando los israelitas provocaron al Altísimo con su continuada idolatría, Él los castigó reteniendo el rocío y la lluvia, de modo que su tierra fue visitada por una grave hambruna; pero al hacer esto, cuidó de que sus propios escogidos estuvieran seguros. Si todos los demás arroyos se secan, con todo habrá uno reservado para Elías; y cuando ese falte, Dios le preservará todavía un lugar de sustento; más aún, no solo eso: el Señor no tenía simplemente un «Elías», sino que tenía un remanente según la elección de la gracia, escondidos de cincuenta en cincuenta en una cueva, y aunque toda la tierra estaba sujeta al hambre, aquellos cincuenta en la cueva eran alimentados, y alimentados además de la mesa de Acab por su fiel y temeroso de Dios mayordomo, Abdías.

Saquemos de esto la conclusión de que, pase lo que pase, el pueblo de Dios está a salvo. Sacudan convulsiones la tierra firme, rómpanse los cielos mismos en dos; con todo, en medio del desmoronamiento de los mundos, el creyente estará tan seguro como en la hora más serena de descanso. Si Dios no puede salvar a su pueblo en la tierra, lo salvará en el cielo. Si el mundo se vuelve demasiado ardiente para contenerlos, el cielo será entonces el lugar de su recepción y de su seguridad.

Estate, pues, confiado cuando oigas de guerras y rumores de guerras. No te turbe ninguna agitación, sino vive quieto, libre del temor del mal. Cualquier desastre que venga sobre la tierra, tú, bajo las amplias alas de Jehová, estarás seguro. Apóyate en su promesa; descansa en su fidelidad y desafía el porvenir más sombrío, pues no hay en él nada que te espante. Tu única preocupación debería ser mostrar al mundo la bienaventuranza de escuchar la voz de la sabiduría.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: July 6 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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