Satanás, lo sabemos, es el gran acusador de los santos; y sin embargo, ¡cuán insensibles somos al gran poder que aún ejerce sobre el pueblo rescatado para siempre de su garra. No menos maligno es el mundo: incrédulo en sus principios, aborrecedor de Dios en su espíritu y rechazador de Cristo en toda su conducta, no es de extrañar que sea antagonista y acusador de los santos. Pero ¿qué hay tan penetrante y amargo como el propio reproche? Las acusaciones ajenas suelen ser infundadas e injustas; hemos sentido a veces la secreta y grata conciencia de que «sufrimos injustamente». Muy distinta es la acusación que el creyente verdadero formula contra sí mismo: viendo pecado donde otros no lo ven, consciente de su existencia y su perpetuo obrar donde los santos aplauden y el mundo admira, pone la mano sobre el corazón, la boca en el polvo, y exclama: «¡Soy vil! ¡Me aborrezco a mí mismo!». No hay reprensión tan verdadera, ni reproche tan agudo, ni acusación tan amarga. Dichosos los que abundan en propia condenación: si nos juzgáramos más, juzgaríamos menos a los demás; y si nos condenáramos más, seríamos menos condenados.
Mas ¡qué privilegio, en todo tiempo de acusación, venga de donde viniere, estar a solas con Jesús! Con él, cuando sabemos que la acusación es falsa, apelamos a él como Juez que todo lo ve, escudriña el corazón y es justo, y decimos: «Señor, tú conoces mis principios, mi espíritu, mis motivos, mi fin, y que con honestidad, pureza y sencillez he procurado andar delante de ti». ¡Oh solaz, cuya preciosidad puede sentir el corazón palpitante, pero no describir la pluma más elocuente! Y cuando la acusación es justa y el creyente se siente más vil aún a sus propios ojos, aun entonces, a solas con Jesús, autoculpado y autocondenado, es arrojado sobre la compasión de aquel «cuyas misericordias son muy grandes». Allí no escapa de sus ojos mirada represiva ni de sus labios palabra de reproche: todo es misericordia, todo ternura, todo amor. Ante él puede estar el autocondenado y confesar; a sus pies caer el penitente y llorar, y hallar, a solas con Jesús, su brazo por escudo y su seno por asilo, donde el corazón sangrante y palpitante halle seguridad y reposo.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - April 28
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.