Esta es una regla de acción verdaderamente completa. Nos manda a considerar los intereses de los demás así como los nuestros propios. Nos pide colocar a nuestro prójimo junto a nosotros mismos, y pensar en él como alguien que tiene los mismos derechos que tenemos, y que requiere de nosotros el mismo trato que nos damos a nosotros mismos. Nos da una norma con la cual probar todos nuestros motivos y toda nuestra conducta que afecta a otros. Al instante, en nuestro pensamiento, debemos cambiar de lugar con la persona hacia la cual debe determinarse nuestro deber, y preguntar: "si él estuviera donde yo estoy, y yo estuviera donde él está, ¿cómo querría yo que él me tratara en este caso?"
La aplicación de esta regla de oro detendría de inmediato toda acción apresurada y precipitada, pues nos manda considerar a nuestro prójimo y cuestionar nuestro propio corazón antes de hacer nada. Daría muerte a todo egoísmo, pues nos obliga a considerar los intereses de nuestros prójimos como exactamente iguales a los nuestros. Nos llevaría a honrar a los demás, pues nos pone a ellos y a nosotros sobre el mismo plano.
La aplicación de esta regla de oro pondría fin a toda injusticia y a todo agravio, pues ninguno de nosotros cometería injusticia ni agravio contra sí mismo, y debemos tratar a nuestro prójimo como si fuera nosotros mismos. Nos llevaría a buscar el mayor bien de todos los demás hombres, aun de los más humildes, pues seguramente queremos que todos los hombres busquen nuestro bien. La aplicación cabal de esta regla de oro terminaría con todo conflicto entre el capital y el trabajo, pues daría al patrón un interés profundo y amoroso en los hombres que emplea, y lo llevaría a pensar en su bien en todo sentido. También daría a cada empleado el deseo de la prosperidad de su patrón y un interés en su negocio.
La aplicación de esta regla de oro pondría fin a toda contienda en las familias, en las comunidades y entre las naciones. El funcionamiento perfecto de esta regla en todas partes haría el cielo, pues entonces la voluntad de Dios "sería hecha en la tierra, como es hecha en el cielo."
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Our Duty to Others
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.