Porciones diarias

El reino de Dios se establece en el alma por el poder secreto del Espíritu

Todo el pueblo de Dios suspira por el poder divino en el alma. La obra del Espíritu es sólida y celestial, no ruido ni alboroto, sino la voz apacible de Jesús que habla paz a la conciencia.

Es por la palabra de Dios en las manos del Espíritu como este reino se establece en el alma. Todo el pueblo de Dios concuerda en esto: que no tienen más religión que la que tienen de poder interior. Y toda la familia viva suspira, cada uno según su medida y su estación, por la manifestación de este poder divino en sus almas. Los que están bajo la ley y giman bajo pesadas cargas suspiran por alivio, y por que ese alivio venga en poder divino, poder que eche todos sus pecados en lo profundo del mar. Los que, habiendo gustado que el Señor es benigno, han perdido su primer amor, exhalan a veces su deseo más íntimo tras poder que revive sus almas. Los que están asediados por tentaciones poderosas y luchan, muchas veces en vano, con viles concupiscencias, claman por poder que libre sus pies de los lazos del lazo. Los duros necesitan poder que los ablande; los que dudan y temen, poder que les dé fe; los descarriados, poder para volver; los que se hunden, poder para nadar.

Por poder entiendo algo sólido, real, sustancial, celestial, sobrenatural. ¿Cómo medimos la capacidad de una máquina de vapor? Decimos que tiene tantos caballos de fuerza. Pero ¿quién en sus cabales construiría una máquina de doscientos caballos para romper palitos y recoger pajas? Medimos el poder por sus efectos. Proporcionamos uno al otro. Pues bien, el Espíritu Santo, el Dios de todo poder y fortaleza, no pondría su mano poderosa y eficaz a romper palitos y recoger pajas en el alma. No. Su obra es digna de un Dios; una "obra de fe con poder", porque brota de un Dios de poder.

El Dios de Israel no es un Baal que esté dormido y necesite ser despertado, ni que haya ido de viaje y por tanto esté demasiado lejos para acudir cuando se le necesita, sino "un presente y muy pronto auxilio en las tribulaciones." Por este poder secreto son barridas las falsas esperanzas, removidos los puntales podridos, llevada a su fin la justicia de la criatura, y el alma es ayudada y capacitada para apoyarse en el Señor. Este poder no es ruido y alharaca; sino la voz apacible y delicada de Jesús en el alma.

El pueblo de Dios no necesita voz externa, sino que busca aquella voz secreta de la sangre expiatoria en la conciencia, que habla mejores cosas que la sangre de Abel. El susurro interior del amor celestial que resuena en el alma, no el terremoto del terror, no el fuego de la ira divina, sino la voz apacible y delicada del perdón y la paz, hace que se inclinen delante del Señor y se cubran el rostro con su manto. La reina no necesita gritar en su palacio para que sus mandatos se cumplan. Donde está la palabra del rey, allí está el poder, ya venga de un monarca terrenal o del Rey de Sion. No deseamos, pues, ruido, bullicio y emoción, ni clamor y alharaca sobre religión; sino sentir interior, el mismo reino de Dios establecido en el corazón.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: September 22

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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