Porciones diarias

El reposo que Dios da al alma cansada

Entramos al reposo cuando cesamos de nuestras propias obras y descansamos en la obra terminada del Hijo de Dios, donde la conciencia halla firmeza, la culpa se desvanece y el alma se aquieta donde Dios mismo reposa.

Entramos en el reposo cuando dejamos de apoyarnos en nuestras propias obras y descansamos en la obra acabada de Cristo. Cuando, por una fe viva, puedes confiar plenamente en que tus pecados fueron cargados sobre su cabeza, que él los llevó en su cuerpo sobre el madero, que te ha lavado con su sangre preciosa, te ha vestido con su justicia y te va santificando por su Espíritu y su gracia, entonces puedes descansar. Ahí hay algo firme y sólido sobre lo cual la conciencia puede apoyarse y permanecer tranquila.

Mientras la ley truena, mientras Satanás acusa y mientras la conciencia condena, no hay reposo. Pero puedes descansar donde Dios reposa: en su amor, en la obra terminada de su amado Hijo, en la perfección de la humanidad de Cristo, en el cumplimiento de todos sus compromisos del pacto, en la glorificación de su santa ley y en la satisfacción dada a su justicia. El tabernáculo en el desierto, y luego el templo en Sion, eran figura de la humanidad pura y sagrada del Señor Jesús; allí Dios reposaba visiblemente sobre el propiciatorio. Ese es el lugar de su descanso, y ese es también el refugio seguro para el alma atribulada.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: June 17

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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