¿Podría haber un «así dice el Señor» más conmovedor que este? La voz de Jesús, al resonar sobre los montes y por los valles de nuestra lejanía no regenerada de Dios, buscándonos, hallándonos y trayéndonos a casa, fue inefablemente dulce e irresistible en su gracia. Pero oír esa misma voz, después de nuestras muchas extravíos, nuestras repetidas recaídas, nuestras tristes apostasías, aún buscándonos, aún invitándonos, aún implorándonos que volvamos, aunque hubiéramos fornicado con muchos amantes, ¡oh, hay en esa voz una música tal que hasta la celestial melodiesía inclinaría el oído para percibirla!
Alma mía, estás inclinada a desviarte, como una novilla rebelde. Tu corazón es como un arco roto, traicionero con la flecha colocada en la cuerda y lista para su vuelo. Tus propósitos de bien, formados pero frustrados; tus resoluciones de enmienda, hechas pero rotas; tus planes de utilidad, trazados pero contrariados; tus oraciones por gracia, elevadas pero olvidadas; tus deseos y aspiraciones hacia Dios, enviados pero disueltos en el aire por un corazón engañoso y perverso. ¡Cuántas y cuán agravadas han sido tus desviaciones de Dios: desviaciones del corazón, desviaciones de los hechos, extravíos secretos y extravíos manifiestos! Has dejado tu primer amor, has olvidado tu lugar de reposo y, apartándote de la cruz, has vuelto atrás para no caminar más con Jesús. En verdad, tu corazón es como un arco engañoso.
Pero, ¿te ha el Señor, por algún tierno movimiento de su gracia o por algún solemne suceso de su providencia, despertado, alcanzado, arrestado? ¿Ha puesto un cerco en tu camino, de modo que no pudieras hallar a tus amantes, llevándote a la reflexión, al arrepentimiento, a la oración? Entonces escucha, alma mía, las graciosas palabras de tu primer Esposo: «Vuélvete otra vez a mí, dice Jehová». Hay algo muy expresivo, tierno y conmovedor en la palabra «otra vez». «Vuélvete otra vez». Suena como el perdón de setenta veces siete. ¡Señor, me he desviado de ti innumerables veces! «Vuélvete otra vez». ¡Señor, he pecado y me he arrepentido tantas veces! «Vuélvete otra vez». ¡Señor, me has recibido y perdonado más de setenta veces siete! «Vuélvete otra vez». Vengo, pues, con llanto, con luto y con confesión, ya que tu ternura, tu gracia, tu amor inmutable y tu mano extendida me lo ordenan.
«Vuélvete a mí». Alma mía, no descanses hasta descansar en Jesús. No dejes nada interponerse entre tu corazón que retorna y tu Padre que avanza, amoroso y perdonador. No hay verdadero retorno del creyente extraviado que no lo lleve más allá de su arrepentimiento, más allá de sus lágrimas, más allá de sus confesiones, más allá de sus enmiendas, más allá de su pastor, y lo traiga de inmediato junto a Cristo. No hay sanidad de la herida, ni vendaje del quebranto, ni limpieza, ni paz, ni consuelo, ni gozo, sino cuando el alma acude a la sangre y se anida una vez más en el mismo corazón de Jesús. Vuélvete a mí.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: THE BACKSLIDER'S RETURN
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.