Hay una historia de un niño indio que un día trajo a casa un pájaro herido del campo. El viejo jefe le preguntó al niño dónde había encontrado el pájaro. "Entre el trigo", fue la respuesta. "Llévalo de vuelta", le dijo, "y déjalo justo donde lo encontraste. Si lo guardas, morirá; pero si lo devuelves a Dios, Él puede sanarlo de nuevo".
Con los corazones heridos sucede lo mismo que con los pájaros heridos. Pertenecen a Dios, y solo Él puede sanarlos. Las manos humanas son torpes e inhábiles para consolar. Si tienes algún dolor, ve a Dios como el sanador de tu corazón. Ninguna mano humana puede ayudar, excepto aquellas que Dios ha formado hasta darle algo de su propia ternura. Cuando Dios consuela, no quedan heridas en la vida; Él es tan tierno, tan diestro.
"No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humea" Mateo 12:20
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Lectura 44
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.