El gran secreto de la religión, aquel secreto que solo tienen los que temen al Señor y a quienes Él muestra su pacto, es primero obtener unión sensible con el Señor y luego mantenerla. Pero esta unión no se obtiene sino por alguna manifestación de su Persona y obra a nuestro corazón, uniéndonos a Él como por un mismo Espíritu. Este es el desposorio del alma, por el cual es desposada con un solo marido, como virgen casta para Cristo. De este desposorio brota la comunión con Cristo, y de esta comunión fluye toda fecundidad, pues no es un matrimonio estéril.
Pero esta unión y comunión no pueden mantenerse sino permaneciendo en Cristo, y esto solo puede ser si Él permanece en nosotros: «Permaneced en mí, y yo en vosotros». ¿Y cómo permanecemos en Él? Principalmente por la fe, la esperanza y el amor, pues estas son las tres gracias principales del Espíritu que se ejercitan sobre la Persona y la obra del Hijo de Dios. Pero, como cuestión de fe y experiencia, también hemos de aprender que permanecer en Cristo requiere oración y vigilancia, paciencia y negación propia, separación del mundo y de lo mundano, estudio de las Escrituras y meditación secreta, frecuentar los medios de gracia y, no en último lugar, mucho ejercicio interior del alma.
El Señor es, por así decirlo, muy celoso de su presencia. Cualquier pecado consentido, cualquier gratificación prohibida, cualquier ídolo del corazón, cualquier liviandad o carnalidad, cualquier abuso de los consuelos del hogar, la esposa, los hijos, la comida o el vestido, cualquier lazo de los negocios, cualquier negligencia en la oración, la lectura o el guardar el corazón y la boca, cualquier conformidad con el mundo: todo lo que sea contrario a su mente y voluntad, ofensivo a los ojos de su santidad y pureza, o impropio de nuestra santa profesión, por pequeño o grande que sea, visto o no por ojos humanos, provoca al Señor a negar al alma el goce de su presencia. Y, sin embargo, con toda su pureza y santidad y severidad contra el pecado, está lleno de piedad y compasión hacia los que temen y aman su gran y glorioso nombre. Cuando estos pecados se sienten y se confiesan estas desviaciones, Él se volverá y no retendrá para siempre su enojo; sanará nuestra apostasía, nos amará libremente y echará todos nuestros pecados en lo profundo del mar.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: December 29
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.