Comentario Devocional y Práctico

El sembrador, la semilla y los cuatro tipos de corazón

La parábola del sembrador describe cuatro tipos de oyentes de la palabra de Dios: solo el corazón bueno y fructífero da evidencia de conversión verdadera, distinguiendo al cristiano del hipócrita.

Jesús entró en una barca para estar menos apretado y ser mejor oído por la gente. Con ello nos enseña que en las circunstancias externas del cultuo no debemos codiciar lo ostentoso, sino aprovechar lo mejor posible los medios que la providencia de Dios nos asigna. Cristo enseñaba en parábolas. Así las cosas de Dios se hacían más claras y fáciles para los dispuestos a ser enseñados, y al mismo tiempo más difíciles y oscuras para los que eran voluntariamente ignorantes. La parábola del sembrador es clara. La semilla sembrada es la palabra de Dios. El sembrador es nuestro Señor Jesucristo, por sí mismo o por sus ministros. Predicar a una multitud es sembrar el grano; no sabemos dónde caerá. Cierta clase de terreno, por mucho que nos esforcemos con él, no produce fruto aprovechable, mientras que el buen suelo produce abundantemente. Así sucede con los corazones de los hombres, cuyos diferentes caracteres se describen aquí mediante cuatro clases de terreno.

Los oidores descuidados y frívolos son presa fácil de Satanás; quien, así como es el gran asesino de almas, también es el gran ladrón de sermones, y con seguridad nos robará la palabra si no cuidamos de guardarla. Los hipocritas, como el terreno pedregoso, a menudo se adelantan a los verdaderos cristianos en las apariencias de la profesión. Muchos se alegran de oir un buen sermon, sin aprovecharlo. Se les habla de salvación gratuita, de los privilegios del creyente y de la felicidad del cielo; y, sin cambio alguno de corazón, sin convicción permanente de su propia depravación, de su necesidad de un Salvador o de la excelencia de la santidad, pronto profesan una seguridad infundada. Pero cuando alguna prueba grave los amenaza, o alguna ventaja pecaminosa se les ofrece, abandonan o disimulan su profesión, o se vuelven a un sistema más fácil.

Los cuidados mundanos se comparan acertadamente con espinos, porque entraron con el pecado y son fruto de la maldición; son buenos en su lugar para tapar un boquete, pero quien tiene mucho que ver con ellos debe ir bien armado; son enredadores, vejatorios, rasguñadores, y su fin es ser quemados, Heb 6:8. Los cuidados mundanos son grandes obstáculos para que aprovechemos la palabra de Dios. El engaño de las riquezas hace el daño; no se puede decir que nos engañan a menos que pongamos en ellas nuestra confianza, entonces ahogan la buena semilla.

Lo que distinguía al buen suelo era la fructificación. Por esto los verdaderos cristianos se distinguen de los hipócritas. Cristo no dice que este buen suelo no tenga piedras, ni espinos; sino ninguno que pudiera estorbar su fructificación. No todos somos iguales; debemos aspirar a lo más alto, para llevar más fruto. El sentido del oído no puede emplearse mejor que en oir la palabra de Dios; y miremos a nosotros mismos para saber qué clase de oidores somos.

La parábola de la cizaña

Fuente y atribución

Autor original: Religious Tract Society

Título original: Devotional and Practical Commentary — Matthew 13:1-23

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.

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