Hay en mi mente algo sumamente misterioso y, no obstante, divinamente bendito en la expresión «por su temor reverente», y es justo mencionar que existe cierta dificultad respecto a la correcta traducción de la expresión. La palabra significa en el original, no tanto temor en el sentido de terror o aprensión, como una santa reverencia y una tierna cautela. Significa literalmente el gran cuidado con que manejamos vasijas frágiles, y, tal como se usa en el Nuevo Testamento, denota un temor reverencial de Dios. Se emplea, por ejemplo, de Noé, de quien se dice que fue «movido por temor» (Heb. 11:7), y se traduce «temor piadoso» en aquellas palabras: «sirvamos a Dios aceptablemente con reverencia y temor piadoso» (Heb. 12:28).
No significa, por tanto, temor en sentido alguno que implique un terror servil. No significa que nuestro Señor lleno de gracia estuviera poseído de aquel terror servil del Todopoderoso que sienten los réprobos y los que nunca fueron partícipes de la gracia de Dios. Más bien, nuestro Señor, como ejemplo de toda gracia del Espíritu, estaba poseído de aquella santa reverencia y temor piadoso en medida abundante, de la cual nosotros solo tenemos una pequeña porción. Y precisamente en proporción a la profundidad de la gracia que había en él, del poder de Dios que descansaba sobre él y de las operaciones e influencia del Espíritu Santo en su alma, así fue la medida de santa reverencia y temor piadoso que habitaba en su sagrada humanidad.
Contemplando, pues, la grandeza de la obra; teniendo ante sus ojos no tanto los padecimientos corporales de la cruz como todas las agonías mentales, la angustia del alma, el conflicto con la ley en su carga y maldición, la indignación del Todopoderoso contra el pecado en la Persona del Fiador, el ocultamiento del rostro de su Padre y el retiro de la luz de su semblante; previendo todos estos dolorosos sufrimientos de la cruz y probando las primeras gotas de aquella lluvia que tan pronto caería sobre su sagrada cabeza, parecía como si su santa alma se llenara de la más solemne reverencia y profunda aprensión de la majestad de Dios. De este temor habla nuestro texto. Fue profetizado de él que «reposará sobre él el Espíritu del Señor, el espíritu de conocimiento y de temor del Señor» (Isaías 11:1, 2). Así, sus oraciones, sus clamores, sus súplicas y sus lágrimas subieron con dulce aceptación a los oídos de su Padre, porque brotaban de un corazón lleno de reverencia y temor piadoso bajo los impulsos e influencias de aquel Espíritu eterno que obró en él toda gracia, tanto en su posesión como en su ejercicio, y por quien se ofreció sin mancha a Dios.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: March 26
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.