Mañana y noche

El toque sanador de Jesús al pecador

El poder de la palabra de Jesús que limpia al leproso es figura de su obra sustitutoria: él toma sobre sí nuestra contaminación para hacernos justos.

Las tinieblas primigenias oyeron el mandato del Todopoderoso: «¡Sea la luz!», y al instante la luz fue; y la palabra del Señor Jesús es igual en majestad a aquella antigua palabra de poder. La redención, como la creación, tiene su palabra de poder. Jesús habla, y queda hecho. La lepra no cedía a ningún remedio humano, pero huyó al instante ante el «Quiero» del Señor. La enfermedad no mostraba señales ni indicios esperanzadores de recuperación, la naturaleza no aportaba nada a su propia sanidad; pero la palabra de Jesús, sin ayuda, efectuó toda la obra en el acto y para siempre.

El pecador se halla en una condición más miserable que el leproso; imite su ejemplo y vaya a Jesús, «rogando ser sanado». Que ejerza la poca fe que tenga, aunque no llegue más allá de «Señor, si quieres, puedes limpiarme»; y no habrá duda alguna acerca del resultado de tal acercamiento. Jesús sana a todos los que vienen, y a nadie echa fuera.

Al leer el relato en el que se encuentra el texto de esta mañana, es digno de notar con devoción que Jesús tocó al leproso. Esta persona inmunda había quebrantado las normas de la ley ceremonial y se había introducido en la casa; pero Jesús, lejos de reprenderlo, quebrantó Él mismo la ley para salir a su encuentro. Hizo un intercambio con el leproso, pues mientras lo limpiaba, contrajo con ese toque una impureza levítica. Así también Jesucristo fue hecho pecado por nosotros, aunque en Él mismo no conoció pecado, para que nosotros seamos hechos justicia de Dios en Él. ¡Oh, que los pobres pecadores acudieran a Jesús, creyendo en el poder de su bendita obra sustitutoria, y pronto aprenderían el poder de su toque lleno de gracia! Aquella mano que multiplicó los panes, que salvó a Pedro cuando se hundía, que sostiene a los santos afligidos, que corona a los creyentes, esa misma mano tocará a todo pecador que le busque, ¡y en un momento lo hará limpio! El amor de Jesús es la fuente de la salvación. Él ama, mira, nos toca: ¡VIVIMOS!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: September 4 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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