Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

El triste final de una conciencia que cedió ante la presión

Pilate intentó eludir su responsabilidad, pero al fin cedió y entregó a Jesús. Su nombre quedó marcado para siempre, recordándonos que nadie puede obligarnos a pecar y que el pecado contra Cristo trae el mayor de los males.

Vemos así el triste y terrible final de los débiles forcejeos de Pilato con su conciencia y su sentido del deber. Primero procuró evitar la cuestión por todos los medios; luego contemporizó, esperando de alguna manera librarse de toda responsabilidad. Al fin cedió; y su nombre atraviesa la historia expuesto para siempre como el hombre que entregó a Jesús para ser crucificado. No se le conoce por ningún otro acto. Hubiera sido mil veces mejor para él permanecer para siempre en la oscuridad, en lugar de ascender a aquel lugar tan encumbrado de poder donde tuvo que enfrentarse y resolver la cuestión más trascendental de la historia.

Leemos que Pilato tomó agua en presencia de los judíos y se lavó las manos, declarando así con un símbolo que no era responsable de la condena de Jesús a morir. Pero el agua no lavó ni una sola partícula de la mancha ni de la culpa de aquel terrible pecado. Pilato tuvo la desgracia de ser el único hombre en toda la provincia que podía enviar a Jesús a la cruz. Sobre él, por tanto, descansaba la responsabilidad última, sin importar cuál fuera la presión que los enemigos de Jesús ejercieron sobre él. El hecho de que otros nos impulsen al pecado no quita nuestra culpa por ese pecado. Ningún ser en el universo puede obligarnos a hacer el mal; si, pues, hacemos el mal, el pecado es nuestro.

Recordemos que los judíos respondieron al gesto de Pilato de lavarse las manos: "¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!" Nadie que haya leído la historia de los siguientes cuarenta años puede dudar de que su automaindicción se cumplió. Treinta años después, miles de judíos fueron crucificados. El crimen de los judíos tuvo éxito; pero ¿qué vino al final de aquel éxito? Aprendamos la lección de que el pecado siempre trae terribles desdichas, y que el peor de todos los pecados es el pecado contra el Señor Jesucristo.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Fatal Decision

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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