JUEVES POR LA MAÑANA.
Benignísimo Señor y Salvador Jesucristo, Tú que estás entronizado en lo alto de la gloria de Dios Padre, concede, te rogamos, venir y ocupar el trono de nuestros corazones. Te los ofrecemos, te los presentamos. Toma plena posesión y reina soberanamente. Expulsa a todo enemigo que se oponga. Humilla toda pasión rebelde. Que ninguna pasión vil resista tu santo dominio. Manifiesta tu poder invencible. Haznos tuyos, y consérvanos tuyos para siempre.
Eres digno de que te alabemos con cada uno de nuestros alientos, de que te amemos con todas las energías de nuestras almas, y de que te sirvamos en cada acto de nuestra vida. Nos has amado con un amor libre, pleno y eterno. Cuando éramos aborrecibles en nuestra miseria y pecado, nos has desposado como tu esposa para siempre; y nos has recibido como tu porción, tus joyas, los corderos de tu rebaño, los miembros de tu cuerpo místico. Cuando éramos inútiles como criaturas, viles como pecadores, manchados y contaminados por innumerables transgresiones, nos has comprado con el precio de tu propia sangre. Nos has hecho tu heredad favorecida, el huerto de tus deleites escogidos. Nos has lavado de toda nuestra inmundicia. Nos has cubierto con la vestidura inmaculada de tu justicia. Nos has adornado con las glorias de tu pura obediencia.
Cuando estábamos muertos en nuestras iniquidades, sin ojos para verte, sin oídos para oír tu voz, sin gusto para saborear tus goces, sin mente para conocerte, nos has vivificado por tu Espíritu Santo, y nos has traído como nuevas criaturas a un nuevo mundo de percepción espiritual. Nos has dado tu Palabra para que sea nuestra luz, nuestra guía, nuestro consuelo y nuestro gozo. Nos has enriquecido con un tesoro de promesas preciosas y muy reconfortantes.
¡Qué más se podría haber hecho por tu viña, que no hayas hecho por nosotros! Nos has amado más que a tu propia vida. Con misericordia nos has atraído. Perdonas nuestras transgresiones diarias y de cada hora. Ninguna de nuestras provocaciones pecaminosas nos separa de tu compasión. Nunca nos dejarás ni nos abandonarás. Nos preservas hasta que lleguemos seguros al cielo de los cielos, y nos sentemos junto a ti en tu glorioso trono.
Ayúdanos entonces, ¡oh, ayúdanos!, te rogamos, a andar este día de manera digna de ti, de tu amor, de nuestras esperanzas y de nuestro alto y celestial llamamiento. Guárdanos, te pedimos; no podemos guardarnos a nosotros mismos. Protégenos, para que ningún mal nos contamine. Fortalécenos para dejar a un lado todo peso y el pecado que tan fácilmente nos asedia. Capacítanos para correr con paciencia la carrera que nos está puesta delante, ¡mirándote a ti!
Cuando todavía peregrinemos por la tierra, que pongamos nuestra mente en las cosas de arriba, y no en las terrenales. Que en espíritu estemos siempre esperando la gloriosa aparición de ti, nuestro gran Dios y Salvador, quien transformará nuestro cuerpo vil para que sea semejante a tu cuerpo glorioso, conforme al poderoso obrar mediante el cual puedes aun sujetar todas las cosas a ti mismo.
Ahora saldremos a nuestra labor designada, andando a tu lado, apoyándonos en tu brazo, sosteniendo dulce conversación contigo. Que seamos como la sal de la tierra, una bendición para todos los que nos rodean. Mira con especial favor nuestra familia, nuestros amigos, nuestro país. Encomendamos a tu cuidado misericordioso a nuestra Soberana la Reina, a la progenie real y a todos los que ejercen autoridad en este reino. Como nación, grande es nuestra prosperidad exterior. Oramos para que seamos mayores en justicia interior. Como pueblo, que te temamos, reverenciemos tus ordenanzas, guardemos tus estatutos y adelantemos tu reino. ¡Gloria a ti, clemente Redentor, que reinas uno con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre! Amén.
Fuente y atribución
Autor original: Henry Law
Título original: Family Prayers — Week 3 THURSDAY MORNING
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Henry Law, publicado originalmente en Grace Gems.